¿Será posible, por fin, el pacto educativo?

18 de noviembre de 2016

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Parece que soplan nuevos vientos en política. Por ahora se han acabado los rodillos y las mayorías absolutas, que han provocado una de las más lamentables épocas para la ciudadanía. En educación, la crisis económica produjo una disminución en las inversiones educativas que se tradujo en falta de profesorado de apoyo, de sustituciones, de mejoras materiales… Las brechas se hicieron más grandes, pues la escuela pública sufrió mucho más que la privada dicha crisis. A eso se sumó la nefasta actuación de un personaje cuyo paso por el Ministerio de Educación ha dejado una huella que esperemos se pueda superar, pues han sido unos años perdidos que ya no se podrán recuperar.

Se habla de la necesidad de un pacto educativo (hace años que venimos escuchando esta cantinela, a ver si alguna vez se hace realidad), como el que ya intentaron en su momento el PSOE con el ministro Ángel Gabilondo en el año 2010, pero que fue tumbado por el PP, o el que presentó hace unos meses José Antonio Marina mediante el documento titulado Papeles para un pacto educativoCreo que cualquiera de los dos podrían servir de punto de partida para iniciar un debate serio, riguroso y lo más amplio posible en la sociedad. El problema está en los casi seguros enrocamientos que los diferentes partidos políticos, sindicatos, asociaciones de profesores y de padres, etc., van a mostrar en dicho debate, si al final se produce.

Sería muy importante, como planteamiento inicial, dejar a un lado las confrontaciones políticas, en concreto derecha-izquierda, tratando de eludir las profundas diferencias que los separan y poner el acento en aquellos puntos que pueden ser consensuados: el papel del profesorado y su formación inicial y continua, la necesaria financiación de la educación, la modernización de la FP…

Analizar qué educación queremos para qué tipo de sociedad. Para ello es fundamental contar con expertos, y aquí utilizo el término experto como persona que tiene experiencia, es decir, aquellos que realmente trabajan con los estudiantes de las diferentes etapas educativas y no los que se limitan a realizar propuestas teóricas sin analizar los problemas reales en las aulas. Como es lógico, también sería importante la colaboración de expertos en sociología, tecnologías, mundo sindical y empresarial, asociaciones de profesorado y de familias, etc., pues se enriquecería el debate y la reflexión. No me olvido aquí, claro está, del papel de los orientadores y orientadoras en los centros. Su conocimiento del sistema educativo, de los problemas de los estudiantes, de las charlas y reuniones con los tutores y con los profesores, de su relación con los equipos directivos, etc., los convierten en actores imprescindibles y necesarios en este análisis. Debemos aprovechar esta situación y liderar, si es posible mediante documentos consensuados por los distintos colectivos, las reflexiones que se realicen.

Ahondar en la autonomía de los centros, que en la actualidad son prisioneros de una administración que muy pocas veces se preocupa de los problemas reales en las aulas.

Y, como es lógico, analizar la realidad y la situación actual de la enseñanza, sin poner paños calientes, sin dejar que los reproches y las culpas envenenen el debate ni dejar que los intereses políticos y económicos tapen o encubran las carencias que realmente tiene el sistema educativo. ¿De verdad que no es posible encontrar un mínimo punto de consenso?

En estos momentos parece que lo más urgente es ir desmontando, entre otras cosas, el calendario de implantación de determinados aspectos de la LOMCE, como las reválidas. Según las últimas noticias aparecidas en prensa la reválida de la ESO será voluntaria y la de Bachillerato sólo examinará de las asignaturas de 2º curso. Es un primer paso, pero importante, sobre todo para lograr que alumnado, profesorado y familias sepan a qué atenerse de aquí a final de curso. Crucemos los dedos y esperemos que, dada la urgencia de esta y otras medidas, la educación deje de ser un campo de confrontación y se convierta en lo que debe ser, una fuente de riqueza, de cultura, de formación de ciudadanos responsables y dueños de su presente y de su futuro.

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Candidatura a los IV Premios OrienTapas 2016

14 de noviembre de 2016

Hace casi un año la Comunidad OrienTapas tuvo la generosidad de concederme un premio especial por mi trayectoria en la orientación. Pues está visto que mis antiguos compañeros y compañeras orientadores siguen acordándose de mí y continúan entrando en el Blog de Orientación del IES Hermanos Machado que, a pesar de que ya me jubilé hace más de un año, mantengo con entradas y artículos sobre temas educativos de actualidad. Este año vuelvo a ser uno de los nominados, lo que, por un lado me asombra y me alegra y, por otro, me honra y me enorgullece. Aunque ya no elaboro tantos materiales, sí me gusta seleccionar contenidos y reflexionar sobre temas que puedan interesar tanto desde el punto de vista de la orientación como de la educación en general, así como a cualquier miembro de la comunidad educativa.

Este es el enlace a todas las nominaciones:

Candidatos a los IV Premios OrienTapas 2016

Muchas gracias y espero que el Blog os siga gustando.

La enseñanza a la contra y los deberes

13 de noviembre de 2016

Cada vez es más difícil ser original, ir contracorriente o romper las reglas porque creemos que todo está ya inventado, porque hay demasiadas reglas que se contradicen, porque hay excesivos corsés y es muy difícil deshacerse de ellos. Además, es muy cansado estar luchando siempre contra molinos de viento, no todos somos héroes ni estamos preparados para serlo en todo momento. Y porque hay que recordar que lo que hoy es políticamente correcto mañana podría ser una blasfemia y ser quemado en la plaza pública. Hay demasiados ejemplos.

Hoy quiero hacerme eco de varios artículos aparecidos en prensa y que pueden parecer contradictorios. El primero sobre esos maestros y profesores que son capaces de luchar contra la adversidad y poner el acento no en los contenidos de la enseñanza sino en cosas tan raras como las competencias, la autonomía de los estudiantes, la importancia de aprender y no de aprobar…

El segundo artículo, vade retro, va de que la directora del mejor colegio de Finlandia, sí de Finlandia, defiende los deberes en casa, sí, los deberes (aunque adaptados al alumno).

Kamikazes de la educación: la enseñanza a la contra

Defensa de los deberes en Finlandia (con matices)

Medio pan y un libro: discurso pronunciado por Federico García Lorca en la inauguración de la biblioteca de Fuente Vaqueros, en 1931

6 de noviembre de 2016

Hace poco más de 85 años, concretamente en septiembre de 1931, Federico García Lorca dirigía un discurso a sus paisanos de Fuente Vaqueros con motivo de la inauguración de la biblioteca pública de su pueblo natal. La República dedicó un enorme esfuerzo para llevar la cultura a los más desfavorecidos invirtiendo en bibliotecas, escuelas, maestros, materiales… Tuvo demasiado poco tiempo para que este esfuerzo obtuviera recompensa pero en la memoria de todos, y a pesar del obligado silencio y de la pesada losa de la dictadura, han llegado hasta nuestros días muchos de sus logros (os lo dice con orgullo un nieto de maestro republicano).

Ahora que se habla mucho de invertir en tecnologías, en materiales digitales, en introducir los móviles en las aulas, creo que no debemos perder de vista que sin la lectura, sea en libros de papel o electrónicos, no existiría educación, seríamos más incultos, careceríamos de perspectiva, perderíamos uno de los más bellos placeres que podemos encontrar en la vida. Vivir la vida de los otros, imaginarnos mundos diferentes, revivir épocas pasadas, quedar absorbidos en historias que nos fascinan, no tiene precio. Me da pena que muchos de nuestros estudiantes no sean capaces de sentir el placer de la lectura, de buscar cualquier momento posible para dedicarse a leer aunque sea unas pocas páginas.

Tampoco es que tengamos que flagelarnos los docentes porque no toda la culpa es nuestra. A mí me inculcaron ese placer mis padres, que leían en casa y tenían una biblioteca razonable para la situación económica que vivían. Y yo he intentando inculcárselo a mis hijos, en los que creo que he inoculado ese dulce veneno que, seguro, les acompañará toda la vida, porque cuando se mete muy adentro ya no hay antídoto posible. Las familias son fundamentales para que los hijos adquieran estos hábitos desde pequeños. Se comienza contándoles cuentos, leyendo con ellos tebeos, regalándoles libros adaptados a las diferentes edades, leyendo delante de ellos en casa… Pero esto daría para un artículo mucho más largo. Así que os dejo con ese precioso discurso, resumido a continuación y que se puede leer íntegro en el enlace final.

Discurso pronunciado por Federico Garcia Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, en 1931

“Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro.”

Federico García Lorca

‎”Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.”

Discurso íntegro pronunciado por Federico Garcia Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros (Granada), en septiembre del año 1931.

Preadolescencia y autoestima

27 de octubre de 2016

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Aunque hace ya más de un año que me jubilé, todavía hay madres y padres que siguen poniéndose en contacto conmigo para consultarme dudas o pedir consejos sobre sus hijos. Eso, por un lado, me halaga y alegra ya que significa que confiaron y siguen confiando en mi labor de orientación, pero por otro implica que no termino de desconectar con un trabajo que me absorbió durante mucho tiempo.

Hace unos días recibí el correo de una madre preocupada porque su hijo, que cursa 6º de Primaria y el año que viene se incorporará al Instituto, no encaja en su grupo, no es capaz de integrarse, se siente aislado, a veces se burlan de él porque no juega bien al fútbol… Y tiene miedo de que cuando cambie de centro siga teniendo ese problema y se agrave. Me pide algún tipo de material sobre habilidades sociales, lecturas, vídeos, etc., que le proporcionen pautas de actuación. Ya ha hablado con su tutora, temiendo que estuviera sufriendo acoso y ésta le comenta que no, que es un niño introvertido, que a esas edades se manifiestan las típicas actitudes de liderazgo, que en clase sí está integrado, aunque no es excesivamente popular… Yo le he explicado que, sin conocer al niño, sin hablar con él, es difícil dar pautas o consejos. Únicamente puedo confiar en la experiencia y tratar el tema de forma general.

En primer lugar habría que ver si es un problema que ya arrastra desde hace tiempo o que se ha manifestado en los últimos años. Puede ser debido a que tenga una personalidad introvertida, que sea por timidez, por falta de confianza en sí mismo, por falta de autoestima, por algún tipo de complejo… También habría que saber cómo es su comportamiento en casa, si es un niño excesivamente pasivo o complaciente, si las relaciones familiares son buenas, si estamos hablando de padres excesivamente permisivos o, por el contrario, de que hayan sido demasiado estrictos o controladores. Son muchos los aspectos que desconozco e, incluso, aunque los conociera, hasta que no hablara personalmente con él sería imposible hacerse una idea aproximada.

Antes de nada es importante reconocer algunas características de esta etapa del desarrollo evolutivo llamada pubertad (cuando nos referimos a los cambios corporales o fisiológicos)  o preadolescencia (si nos referimos al campo psicosocial o cultural), que se suele establecer entre los 10-11 y los 14  o 15 años, es decir, los correspondientes a finales de primaria y toda la educación secundaria obligatoria. En estas edades se producen una serie de cambios físicos y psicológicos que condicionan nuestra labor como padres y como docentes (recomiendo la lectura de Eventos del desarrollo en el niño de 11 a 14 años, en el portal Familia y Salud para conocer más estos aspectos). La maduración sexual, los denominados “estirones”, el cambio de voz, el desarrollo de la musculatura en los niños y de los pechos en las niñas, el conflicto dependencia-autonomía, la necesidad de ser admitidos y reconocidos en el grupo…, son algunos de los ámbitos que hay que analizar, por si en alguno de ellos encontramos disfuncionalidades. Sin entrar en todas las características de esta etapa, quiero centrarme en varios problemas que suelen preocupar más a las familias y a los profesores: las dificultades en las relaciones personales, la falta de confianza y/o la baja autoestima, que repercuten de manera negativa en el desarrollo de la personalidad

Partiendo de la base de que no hay problemas más complejos y profundos, que deberían ser tratados por un especialista, y que se deba a causas normales y típicas de la pubertad, hay mucho material que puede ayudar. En la página web de educaciontrespuntocero hay varios vídeos de Pedagogía Blanca, elaborados por la psicóloga Azucena Caballero, que duran unos 25 minutos, con consejos para incrementar la autoestima de los hijos o de los alumnos, porque van dirigidos a padres y madres y a docentes. Son consejos muy útiles y prácticos, casi todos basados, más que en la neurociencia, en el sentido común. Aquí dejo los dos enlaces:
Por último, y para completar la información y estas estrategias, no está de más acercarnos a los complejos que, a veces de manera excesiva, pueden estar presentes en algunos jóvenes. En la web DonPsico, de la que ya he hablado en alguna ocasión se analizan las posibles causas y cómo enfrentarse a los complejos en estas edades.Pincha en la imagen para ir a la página.

Inteligencia emocional, de Daniel Goleman

12 de octubre de 2016

Desde hace unos días tenemos acceso gratuito al libro de Daniel Goleman, Inteligencia Emocional a través de la plataforma ISSU (información que he conocido gracias a La Botica del Orientador, de Fernando Navarro). Libro imprescindible que ha cambiado la forma de entender la educación en los últimos años, su lectura nos permite entrar en los vericuetos de la mente y en el control de las emociones, tan importante en un mundo en el que cada vez es más evidente que las pasiones no se controlan adecuadamente o son dirigidas por intereses ocultos.

Día Mundial de los Docentes

5 de octubre de 2016

En 1994 la UNESCO declaró el 5 de octubre Día Mundial de los Docentes. Y yo declaro, a mi vez, que estoy en contra de la celebración de todos estos días, como si el resto del año tuviéramos que mirar para otro lado y olvidarnos que lo que hay que celebrar diariamente es la vida de todos los seres en su conjunto, su bienestar, su felicidad, la conservación de la naturaleza, la ilusión, la esperanza en un mundo mejor… Pero como no podemos mirar para otro lado y estar luchando continuamente contra lo establecido, y celebrar que los docentes somos esenciales en el mundo como pilar para mejorar la sociedad tampoco es malo, aprovechemos la ocasión.

El lema propuesto este año 2016 es Valoremos al docente, mejoremos su condición profesional”. Con este lema se pretende recordar la aprobación, en 1966, de la Recomendación Conjunta de la OIT y la UNESCO relativa a la Condición del Personal Docente. Pero me temo que todo se queda en buenas palabras y que, por mucho que se celebre este día, la sociedad sigue sin valorar la figura del docente. Un ejemplo lo podemos encontrar en el siguiente vídeo de la Fundación PROMAESTRO en el que se muestra cómo todos llevamos un profesor o un maestro dentro y que todos tenemos la fórmula y la solución para resolver los problemas que conlleva su labor. Pero no todos, por supuesto, son, saben o pueden ser maestros o profesores.

La educación actual, a juicio

3 de octubre de 2016

Aunque todos los que nos dedicamos a la educación lo sabemos, la profesión docente es una de las más difíciles de ejercer. Son tantos y tan complejos los factores que intervienen que es prácticamente imposible controlarlos todos. Incluso partiendo de una excelente preparación del profesorado y de unas condiciones materiales adecuadas, sigue siendo una tarea extremadamente difícil y de una enorme responsabilidad, y más si tenemos en cuenta la época que nos ha tocado vivir, en la que apenas se encuentran faros o balizas claras y nítidas que señalen la ruta, ya que son demasiadas y, a veces, esconden oscuros intereses (por ejemplo, intereses políticos, editoriales…). Y tampoco se encuentran caminos anchos y bien asfaltados por los que sea cómodo caminar, pues están sembrados de numerosos obstáculos, baches y trampas. Estos caminos tendrían que ser construidos por las administraciones educativas pero, ya veremos más adelante, que en lugar de carreteras o autopistas, construyen caminos de cabras o destruyen los que estaban ya bien hechos

Si empezamos por la preparación del profesorado, son numerosas las voces autorizadas que, desde hace décadas, claman en el desierto por la escasa formación didáctica, metodológica y práctica que se imparte en las facultades de educación. Hay excesivos contenidos teóricos que después tienen poca o nula aplicación en las aulas. Y eso con los maestros de primaria, porque con los futuros profesores de secundaria, bachillerato y formación profesional el panorama es todavía peor. En la actualidad, los másteres de educación secundaria (MAES) se limitan a introducir, de manera burda y poco elaborada, algunos contenidos didácticos que sólo pretenden cubrir el expediente. La universidad todavía está muy lejos de poder implantar un protocolo y una estrategia capaz de conectar al futuro profesorado con la vida real de los centros educativos. Únicamente la experiencia, años de trabajo en colegios e institutos, el apoyo y la ayuda de los compañeros y de la dirección, y el esfuerzo y la dedicación personal, son las herramientas que sustituyen a la formación inicial del profesorado. Tampoco ayudan mucho, la verdad, los centros de profesores (centros del profesorado en Andalucía), que se han convertido en una extensión más de la administración educativa y que conectan mal con las necesidades reales de los docentes.

Otro obstáculo, todavía peor que los anteriores, es la administración educativa. Por si no fuera compleja la realidad de las aulas, muchas de ellas con excesivo número de alumnos, algunos con necesidades específicas de apoyo educativo, con dificultades de aprendizaje, con situaciones familiares extremas (paro, desarraigo, maltrato…), alumnado inmigrante, a veces el bullying, el uso inadecuado de las tic (en el caso de que éstas funcionen, claro), tengo que confesar que de mis cuarenta años de experiencia docente, los últimos los he vivido con auténtica desazón por la cantidad de horas que tenía que dedicarle a tareas burocráticas. Y lo peor es que la inspección, lejos de ayudar y de orientar al profesorado se ha dedicado, con honrosas excepciones, a vigilar y a comprobar que esas tareas estaban correctamente realizadas. Desconozco la situación de otras comunidades autónomas, pero en Andalucía sé de compañeros que tienen pesadillas con Séneca, la aplicación diseñada por la Consejería de Educación para llevar a cabo todo el proceso de gestión administrativa que conlleva la labor docente. Y aquí está el quid de la cuestión: ese proceso se ha multiplicado de tal forma que es incalculable el número de horas que hay que dedicarle para hacerlo correctamente: tutorías, entrevistas de padres, sesiones de evaluación, boletines de notas, programaciones docentes, comunicaciones a las familias… Aunque es lógico que exista control por parte de la administración, ya que es ella la que proporciona los medios, no es lógico que quiera controlarlo todo, pues impide la necesaria creatividad docente, que cada vez encuentra más dificultades para desarrollarse.

Leyes educativas cambiantes, currículos cada vez más cerrados, reválidas, evaluaciones de centros, menor inversión en educación, bajas que no se cubren, desinterés general por la educación tanto por parte de muchos padres como por los partidos políticos, que la utilizan como medio de atacar al adversario o de introducir determinadas ideologías. Así podríamos seguir páginas y páginas, horas y horas.

Aunque ya soy un profesor jubilado, me duele la situación actual de la educación. Se habla desde hace mucho tiempo de que hay que alcanzar un gran pacto por la educación, pero mientras se haga exclusivamente desde el ámbito político y no seamos capaces de implicar de manera efectiva a todos los que directamente están implicados en la enseñanza (profesorado, familias, alumnado, agentes sociales…), seguiremos lamentándonos y perdiendo un tiempo precioso.

Dejo para el final un vídeo impactante que refleja una parte, quizás la más importante, de la enseñanza: qué hacemos actualmente en las escuelas. ¿Preparamos realmente a los estudiantes para el futuro o seguimos mirando sólo al pasado, reproduciendo patrones y errores que sabemos que existen pero no somos capaces de evitar?

 

Cómo surge la vocación docente

28 de septiembre de 2016

Es muy difícil explicar cómo nos inclinamos por realizar unos estudios u otros o por desempeñar un trabajo concreto. Los orientadores sabemos bien que son muchos los factores que intervienen para tomar esas decisiones: la tradición familiar, las aptitudes individuales, las modas, la situación económica… Unas veces porque desde muy jóvenes nos inclinamos hacia una determinada profesión y hasta que no lo conseguimos no paramos, otras por descartar lo que no nos gusta y nos decantamos, más que por un trabajo concreto, por lo que hoy se denomina una rama del conocimiento o del empleo, y otras porque no nos queda más remedio que hacerlo porque no hay otra alternativa, tendremos que reconocer que cada persona tiene una determinada experiencia y es difícil que se pueda trasladar a los demás.

Hoy quiero explicar, mediante un relato que contiene una parte de ficción pero también una gran dosis de lo que me ocurrió realmente, cómo llegué a tomar la decisión de dedicarme a la enseñanza. El ejemplo de un profesor, como podréis comprobar a continuación, es lo que, en gran medida, ayudó a que mi trabajo, durante cuarenta años, fuera la docencia. Espero que os guste.

Duos habet et bene pendentes (o cómo empecé a amar la historia y la enseñanza)

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La primera vez que escuché esta frase latina fue en cuarto del antiguo bachillerato elemental, que cursé en el Instituto Masculino de La Coruña (hoy IES Salvador de Madariaga). Estamos hablando de abril o mayo del año 1969, cuando acababa de cumplir 14 años o estaba a punto de cumplirlos. Había terminado la clase de matemáticas y estábamos esperando a que llegara el profesor de historia, seguramente haciendo un ruido de mil demonios, todos levantados y hablando a gritos, lo que era normal teniendo en cuenta que la disciplina era férrea durante las clases y los únicos momentos para que una pandilla de adolescentes se desfogara era en los intermedios entre clase y clase y a la hora del recreo. Yo me sentaba al lado de Casanova, un chicarrón que, a pesar de su enorme tamaño, iba siempre con unos pantalones cortos muy ajustados, cosa normal si era verano, pero que él llevaba durante todo el año y que dejaban ver una piernas que siempre estaban llenas de heridas y de costras. Yo le tenía un cierto respeto, por no decir miedo, ya que solía aprovecharse de su fuerza y de mi natural medroso para obligarme a decirle las soluciones de los ejercicios, susurrarle las respuestas en los exámenes  y cuando le preguntaba algún profesor o hacerle los deberes que casi nunca solía traer hechos. Ahora comprendo que para él sería casi imposible el estudio, pues vivía en una aldea a unos quince o veinte kilómetros de Coruña y teníamos clase mañana y tarde por lo que, cuando llegara a su casa, después de coger un par de autobuses, no creo que tuviera muchas ganas de estudiar ni de hacer deberes. Algunos años más tarde, cuando terminé los estudios de magisterio y comencé a trabajar, me lo encontré en un taller mecánico y me cambió las pastillas de freno mientras recordábamos viejos tiempos. Yo le eché en cara los malos momentos que me hizo pasar, pero, en realidad, terminé agradeciéndole que me ayudara a defenderme y a saber salir de situaciones comprometidas. Hace más de cuarenta y cinco años que no le veo, pero todavía recuerdo como si fuera ayer su tímida sonrisa de despedida y su mirada triste, mezcla de envidia y de nostalgia por un pasado que, seguramente, sería mejor que su futuro.

Además de Casanova, recuerdo a Cortón y a Cao, los más listos de la clase y que nos miraban por encima del hombro, como si fuéramos medio retrasados y no pudiéramos entender sus ingeniosos juegos de palabras y sus alusiones a científicos y escritores que nunca nos sonaban; a Ricardo y a Balsa, amigos inseparables y que continuamente estaban inventando bromas y trastadas, que siempre quedaban impunes pues nadie podía acusarlos si uno no quería ser considerado un chivato, el peor insulto que alguien podía recibir. También recuerdo a Carré y a Dequidt, dos grandes deportistas, el primero creo que llegó a ser campeón gallego de cuatrocientos metros vallas y después se hizo un excelente y reconocido fotógrafo, mientras que el segundo competía en esgrima. He perdido la pista de casi todos ellos, pues ninguno siguió la vocación de la enseñanza y se dedicaron a otros menesteres.

Menos los ya mencionados Cortón y Cao, que estarían hablando de filosofía o de literatura, los demás estábamos tirándonos bolas y aviones de papel, persiguiéndonos entre las mesas dando alaridos o haciendo cualquier otra tontería cuando, de pronto, se hizo un silencio sepulcral y todos corrieron a sentarse en sus respectivos asientos, todos menos Casanova y yo, que estábamos al final de la clase, él corriendo, como casi siempre, detrás de mí para darme alguna colleja o hacerme caer con una zancadilla. Y así fue como nos encontró un profesor que nunca habíamos visto en el Instituto, un hombre alto, de pelo largo y lacio que casi le llegaba a los hombros, barba recortada, con jersey negro de cuello subido y pantalones vaqueros, indumentaria que contrastaba vivamente con la que solían utilizar todos los profesores del instituto, que vestían con el típico uniforme docente de aquella época, traje o chaqueta y, por supuesto, corbata, y don Germán, el profesor de religión, con sotana, como no podía ser de otra manera.

Por mucho que mi compañero y yo intentamos pasar desapercibidos, fue inútil. Comenzamos a movernos despacio hacia nuestras sillas, pero él, con un gesto de la mano, ordenó que nos estuviéramos quietos. Se acercó lentamente a la tarima donde se encontraban la mesa y el sillón del profesor mientras en su rostro se apreciaban una mirada y una medio sonrisa que denotaban una mezcla de diversión y de sadismo, y eso provocó en toda la clase, y sobre todo en Casanova y en mí, una reacción de pánico que nos duró hasta que, tras un breve silencio que a nosotros nos pareció eterno, soltó su primera frase:

— A ver, el correcaminos y el coyote, que se acerquen.

(podéis continuar leyendo en el siguiente enlace, en otro blog que también administro):

Duos habet et bene pendentes (o cómo empecé a amar la historia y la enseñanza)

Ser realmente joven

19 de septiembre de 2016

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Hace poco me recordaron el comienzo del discurso que Antonio Machado tenía pensado realizar en la Conferencia Nacional de Juventudes que se celebró en Valencia los días 15, 16 y 17 de enero de 1937. Por problemas de organización no lo pudo leer, pero fue incluido en su libro La guerra, publicado ese mismo año. Esa intervención fallida la tituló Discurso a las Juventudes Socialistas Unificadas.

En aquellos tiempos convulsos era imprescindible encontrar y lanzar al viento palabras e ideas que canalizaran e impulsaran las energías de los que iban a reconstruir el país, que se estaba desangrando y desmoronando por una cruel guerra civil. Si en todas las épocas la esperanza de mejorar el presente se encuentra en la juventud, que es la que tiene la fuerza, la pasión, la pureza y la rebeldía necesarias para luchar contra los problemas y contra las injusticias, es en momentos difíciles cuando hay que fomentar todos esos valores. No hay que centrarse en los errores, propios de la inexperiencia o de la impulsividad que son características de esas edades, sino aprovecharlos para que se analicen los fallos y para encontrar mejores soluciones. Esa es precisamente una de las principales labores de los docentes, la de ayudar a los estudiantes a reflexionar sobre los problemas de la sociedad, a buscar diferentes alternativas, a realizar preguntas y a encontrar respuestas.

Estamos en momentos complicados que afectan fundamentalmente a los jóvenes, pero debemos concienciarlos de que son ellos, su generación, los que con su esfuerzo, su disciplina, su preparación y su ilusión encontrarán los caminos, los senderos que permitirán salir de esta situación. Nosotros, los adultos, debemos acompañarlos, ayudarlos cuando tengan dudas, evitar que caigan en la desesperación y la apatía que también son compañeros indeseables de viaje. Nuestra labor es difícil: acompañar sin asfixiar, interferir y aconsejar lo menos posible, ayudar cuando nos lo soliciten o cuando sospechemos que necesitan nuestra ayuda, mantener las distancias adecuadas y suficientes, ni demasiado cerca ni excesivamente lejanas. No hay manuales perfectos porque nosotros tampoco lo somos y no podemos pedir su perfección cuando también somos imperfectos.

Dejo hablar al sabio, al poeta, al profesor y reproduzco algunos párrafos del mencionado discurso de Antonio Machado, ese canto ilusionado e ilusionante a la juventud, porque recoge en esencia lo que cualquier persona que se dedique a la enseñanza o a trabajar con adolescentes y jóvenes debería tener constantemente presente.

Acaso el mejor consejo que puede darse a un joven es que lo sea realmente. Ya sé que a muchos parecerá superfluo este consejo. A mi juicio, no lo es. Porque siempre puede servir para contrarrestar el consejo contrario, implícito en una educación perversa: procura ser viejo lo antes posible.

Se vela por la pureza de la niñez; se la defiende, sobre todo, de los peligros de una pubescencia anticipada. Muy pocos velan por la pureza de la juventud; a muy pocos inquieta el peligro, no menos grave, de una vejez prematura. Sabemos ya, y acaso lo hemos creído siempre, que la infancia no se enturbia a sí misma, y hemos adquirido un respeto al niño, loable, en verdad, si no alcanzase los linderos de la idolatría. Se sigue creyendo, en cambio, que toda la turbulencia que advertimos en los jóvenes es de fuente juvenil, y que al joven sólo puede curarle la vejez. Yo he pensado siempre lo contrario. Por ello he dicho siempre a los jóvenes: adelante con vuestra juventud. No que ella se extienda más allá de sus naturales límites en el tiempo, sino que, dentro de ellos, la viváis plenamente. Adelante, sobre todo, con vuestra faena juvenil: ella es absolutamente intransferible; nadie la hará, si vosotros no la hacéis.

Nada temo de la indisciplina juvenil, porque nunca he creído en ella. Mucho temo, mucho he temido siempre de la mansa indisciplina de la vejez, de esa vejez anárquica, en el sentido peyorativo de estas dos palabras —un hombre encanecido en actividades heroicas sabe guardar como un tesoro la llama íntegra de su juventud, y un anarquista verdadero puede ser un santo— de ese espíritu díscolo y rebelde a toda idealidad, siempre avaro de bienes materiales, codicioso de mando para imponer la servidumbre, que, en suma, sólo obedece a lo más groseramente individual: los humores, y apetitos de su cuerpo averiado, sus rencores más turbios, sus lujurias más extemporáneas. A eso, que es la vejez misma, he temido siempre.


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