El producto pedagógico, el conocimiento y el docente

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Quizás me adentre en territorio hostil si muestro mi acuerdo con las ideas que expone en el blog de El País Digital Ayuda al Estudiante el profesor Juan Francisco Martín del Castillo. En estos últimos años no es políticamente correcto, sobre todo entre los ambientes denominados “progresistas”, criticar abiertamente la pedagogía centrada en el modelo competencial, en las denominadas competencias básicas, que cualquier docente que se precie y que esté al día en la llamada Nueva Pedagogía debe defender a ultranza. Que conste que esto no implica una total desafección de los avances pedagógicos, de las indudables conquistas de la didáctica más moderna y actual o de las nuevas tecnologías. Y tampoco significa, ¡válgame Dios!, un implícito apoyo a la LOMCE, en cuanto supone un paso atrás en muchos aspectos, espero que nadie lo piense. Quien sigue o ha leído de vez en cuando este blog puede comprobarlo.

No seré yo, humilde orientador de Instituto y cerca ya de la jubilación, quien se atreva a cuestionar lo que desde las Administraciones educativas, Centros del Profesorado, Facultades de Educación y otras dignas y serias Instituciones, se defiende como el bálsamo de Fierabrás que es capaz de curar todos los males y dolencias que sufre la educación en España. Pero sería hipócrita por mi parte no reflexionar y plantearme en donde queda la figura del profesor, del humanista que es capaz de dejar a un lado de vez en cuando los currículos, las competencias básicas, los criterios de evaluación, la enorme y cada vez más compleja burocracia…, y se centra realmente en el alumno y en el conocimiento.

Hablo fundamentalmente desde la experiencia, mi experiencia de casi 39 años de docencia en Primaria y Secundaria. Nunca he dejado de estar al día en los últimos avances pedagógicos y tecnológicos, he sido muy crítico con aquellos compañeros apáticos o poco implicados con la enorme responsabilidad que conlleva la tarea educativa. Pero echo de menos la humanidad, el amor al trabajo bien hecho, la auténtica libertad del docente. Echo de menos a maestros como el que encarnaba Fernando Fernán Gómez en La lengua de las mariposas, por ejemplo. O a Freinet y a María Montessori, a Neill o a Paulo Freire. Podéis recordarlos en alguno de los siguientes vídeos de youtube:

Grandes pedagogos

Los grandes educadores

Y por si no queréis leer el mencionado artículo titulado El producto pedagógico, cuyo enlace encontraréis al final, reescribo su último párrafo:

Me gustaría concluir con unas sabias palabras del maestro de historiadores Carlo M. Cipolla, incluidas en el brillante y divertido Allegro ma non troppo, sobre la arrogancia del estúpido burócrata: “Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente”.

El producto pedagógico

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