Las pepitas de la sandía (apología del esfuerzo)

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”. (Ghandi)

Este blog cumple a finales de mes 2 años de existencia. A lo largo de este tiempo ha querido ser una ventana y un vehículo de comunicación con toda la comunidad escolar, recogiendo noticias de actualidad sobre educación, trabajos de otros orientadores, materiales que faciliten la tarea tanto a los profesores como a los alumnos, temas de debate, recomendaciones a padres y madres, etc. A lo largo de estos meses me he planteado muchas veces si no sería mejor centrarme en aspectos más concretos de orientación o de tutoría, pues quizás la dispersión de los temas dificulte la organización del blog y de sus contenidos.

Pero a medida que se me iban ocurriendo ideas o viendo las que se les ocurrían a los demás, tanto las que eran exclusivamente educativas como aquellas que podían de manera indirecta influir en la formación de las personas, no podía evitar reflexionar sobre ellas y darlas a conocer. Una de las ideas que he intentado impulsar y una de las que más se repite en el blog es la de la cultura del esfuerzo. Todas las cosas importantes de la vida se consiguen con esfuerzo y cuanto mayor haya sido el trabajo para conseguirlas, más valor se les da. A lo largo de la vida de las personas se pueden dar golpes de buena o de mala suerte; hay circunstancias que no podemos controlar, y por ese mismo motivo no hay que centrarse en ellas. A uno le puede tocar la lotería o morir en un accidente de aviación, pero son hechos que no dependen de nosotros. Lo que sí depende de nosotros es el esfuerzo, las ganas de hacer las cosas bien, el intentar superar las dificultades, el deseo de mejorar nuestras capacidades, ayudar a los demás…

Los padres (o los profesores) cometen en muchas ocasiones el error de facilitar excesivamente las cosas a los hijos o a los alumnos. Pero una cosa es ayudar a superar las dificultades y otra muy distinta evitar que se enfrenten a los problemas, hacer que desaparezcan. Si se acostumbran a no tener que esforzarse, a no responsabilizarse de sus acciones, todo les parecerá muy fácil y no sólo no sabrán valorar en su justa medida el sacrificio, la entrega, el sufrimiento, sino que se harán egoístas, caprichosos, consentidos o vagos. Busquen en este mismo blog lo que dice el juez de menores Emilio Calatayud y lean lo que el profesor Miguel Ángel Santos Guerra escribe en El Adarve sobre este tema: Las pepitas de la sandía.

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