¿Somos todos enfermos mentales?

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, conocido por sus siglas en inglés DSM, está considerado como la biblia de los psiquiatras. En él se definen y describen las diferentes patologías mentales y se revisa periódicamente para recoger los nuevos avances del conocimiento científico. La última edición es la quinta, que se publicó en mayo de este año. Allen Frances, el director del equipo que redactó la cuarta edición, el DSM IV, ha publicado un libro con el título ¿Somos todos enfermos mentales? en el que realiza una autocrítica reconociendo que con el DSM se colabora en la creciente medicalización de la vida.

Para padres, orientadores y médicos quizás sea una tranquilidad poner etiquetas que permitan organizar y clasificar a aquellos niños o adolescentes que presentan características de personalidad diferentes a lo que se considera “normal” y, así, poderlos tratar según unos protocolos establecidos. Un estudiante inquieto, revoltoso, distraído, etc., rápidamente es diagnosticado como hiperactivo. Aquel otro que no le gusta relacionarse con los demás, obsesionado u obstinado con algunas ideas, poco comunicativo o con dificultades para entender determinadas bromas o ironías, ya es catalogado como Asperger. Y así podíamos seguir.

Puede que en algunas ocasiones el diagnóstico sea acertado. Pero según demuestran los estudios, sólo el 2%-3% de la población infantil es hiperactiva mientras que el 11% de los niños está diagnosticado y en los adolescentes el 20% (aunque estos estudios se refieren a los EE.UU., en poco tiempo estas estadísticas serán realidad en España). En 2009, un estudio realizado en Holanda encontró que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran tratados de hiperactividad y déficit de atención.

En todo esto tienen mucha influencia las farmacéuticas (véase el reportaje La influencia de las farmacéuticas altera el diagnóstico de las enfermedades o La alianza entre la psiquiatría y la industria farmacéutica), que pretenden que el consumo de medicamentos que tratan las enfermedades “mentales” se dispare, lo que ha ocurrido en los últimos años. En una entrevista que concedió al diario El País, Allen Frances señala que “la vida no se puede tratar con pastillas”, que “convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales” y que la falta de sueño provoca trastornos físicos y psíquicos, ansiedad e irritabilidad, que está en la base de muchos problemas que hay en casa y en las escuelas. Propone cambiar los hábitos y hacer una vida más saludable para prevenir gran parte de los problemas.

Recomiendo la lectura de la entrevista  y del reportaje de los siguientes enlaces para completar estas ideas.

Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales

Colgados de los ansiolíticos

ansioliticos

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