La impaciencia no ayuda a resolver los problemas

problemas

Hemos sobrepasado el ecuador del primer trimestre del curso. Han finalizado las evaluaciones iniciales, se han elaborado las programaciones, realizado exámenes, corregido trabajos, revisado cuadernos, se ha preguntado en clase, etc. Es decir, la maquinaria en los centros está a pleno rendimiento. Todavía queda mucho hasta finalizar el curso, pero muchos profesores ya han hecho un análisis de la situación a partir de los primeros resultados y han comenzado a elaborar pronósticos sobre cómo pueden desarrollarse los acontecimientos a partir de ahora.

Basándose en la propia experiencia, en las opiniones de los compañeros o en lo acontecido en cursos anteriores, nos creemos que ya tenemos una radiografía casi exacta de cómo van a finalizar la mayor parte de los alumnos. No dudo de que en algunas ocasiones se va a acertar, sobre todo si ya llevamos varios años con el mismo grupo de estudiantes. Pero no hay que olvidar que en la adolescencia se suelen producir cambios imprevisibles, que el desarrollo y la maduración no son un proceso continuo que se produce de manera lineal y rítmica. Hay aceleraciones, frenazos bruscos y caídas, retrocesos y cambios de dirección. Por eso es arriesgado adelantar resultados a corto, medio o largo plazo. Porque, además, eso nos va a condicionar y puede afectar a su evolución académica. Ya hemos hablado de este tema en el artículo El efecto Pigmalión en las aulas.

Pero también podemos encontrarnos con otra situación diferente: alumnos en los que creemos haber detectado un problema y queremos solucionarlo de manera inmediata; pensamos que si no actuamos rápidamente puede agravarse. En estos casos, la impaciencia o la urgencia pueden llevarnos a un diagnóstico erróneo y a una intervención equivocada. Con nuestros alumnos debemos ser muy cuidadosos, analizar  el problema desde todas las perspectivas, preguntar a los padres, a sus compañeros, acudir, en su caso, a especialistas y no tomar decisiones precipitadas. Por eso debemos aplicar el conocido lema: “Si un problema no tiene solución, ¿por qué preocuparse? Y si la tiene, ¿por qué desesperarse?”

El siguiente artículo de Miguel Ángel Santos Guerra en El Adarve explica muy bien la necesidad de afrontar los problemas con inteligencia, con energía, con perseverancia y con optimismo:

Las soluciones no avanzan como las balas

2 comentarios to “La impaciencia no ayuda a resolver los problemas”

  1. Premios OrienTapas Says:

    ¡Felicidades, José Manuel! Eres uno de los finalistas de los Premios OrienTapas de Buenas Prácticas en Orientación Educativa y TIC. La votación está abierta en: bit.ly/premiosorientapas2014

  2. José Manuel Castro Says:

    ¡Muchas gracias! Otro incentivo más para seguir intentando hacer las cosas mejor.

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