De cómo explicar lo que hace un orientador a punto de jubilarse (II)

(continuación)

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4. He preparado diverso material. Cuando empecé a trabajar el único material que teníamos en las aulas eran la pizarra, la tiza, un globo terráqueo, algunos libros de lectura, mapas de España y del mundo, cuerpos geométricos y poco más. En el colegio también contábamos con dos o tres proyectores de diapositivas y uno de películas de súper 8, una multicopista, primero de manivela y luego de motor (las fotocopiadoras llegaron más adelante) y material de dibujo y de laboratorio. Con eso, y con una copiadora vietnamita que utilizaba gelatina o cola de pescado, hacíamos auténticas maravillas. Rudimentarias, artesanales, humildes, pero cumplían perfectamente su cometido.

Ahora ya tenemos de casi todo: ordenadores, tablets, impresoras, fotocopiadoras, acceso a Internet, cañones de proyección, pizarras electrónicas… Gracias a eso, y al trabajo y la generosidad de millones de personas en todo el mundo, cada vez es más fácil elaborar material. Las presentaciones en PowerPoint, los blogs y portales educativos, los programas ya elaborados y muchos de ellos gratuitos, Google…, permiten elaborar un material cada vez más complejo de un modo relativamente fácil. Esta semana, por ejemplo, he adaptado la presentación que había confeccionado el pasado curso para el alumnado de 4º de ESO, modificando las asignaturas que se imparten en 1º de Bachillerato con lo previsto en la nueva Ley de Educación (LOMCE), cambiando algunas diapositivas, eliminando alguna y añadiendo dos o tres más, con lo que la presentación ha quedado bastante bien.

Por otro lado, he bajado de Internet algunas actividades de Lengua y Matemáticas que he adaptado para dárselo más adelante a varios estudiantes de ESO con dificultades en esas materias. Y por último, he buscado material sobre los perjuicios del tabaco para una tutora que me lo solicitó y que quiere dar una charla en su hora de tutoría.

5. He atendido a varias alumnas con problemas emocionales. Una de ellas pasó por una de las situaciones más terribles que pueden ocurrirle a una persona, el suicidio de su madre. Aunque el suceso ocurrió hace ya tres meses, está en tratamiento psicológico y ha mejorado bastante, todavía sufre de vez en cuando, y sobre todo en momentos de tensión y de estrés como pueden ser los exámenes, desvanecimientos, convulsiones, ataques de ansiedad y depresión. Esta semana ha vuelto a pasarle en clase y sus compañeros y profesores, que ya conocen cómo deben actuar y lo hacen con rapidez y delicadeza, la han traído al despacho de Jefatura de Estudios. Allí, poco a poco, con las persianas bajadas, ayudándola a controlar la respiración y hablándole casi en un susurro, hemos conseguido tranquilizarla. He hablado con ella cuando ha querido, sin agobiarla, dándole pautas y consejos para reconocer las fases del duelo, para afrontar los momentos más duros. Quedarse sin madre a los 17 años (cumplió los 18 hace un par de semanas y ese cumpleaños habrá sido el más amargo y triste de su vida) en plena adolescencia, cuando una madre comprensiva y cariñosa es fundamental para una hija, no puede consolarse con nada. Su padre y su hermana, la demás familia, los amigos, sus compañeros, los profesores, sólo podemos estar a su lado, acompañarla cuando nos lo pida y dejarla sola cuando necesite llorar y desahogarse. Pero que siempre sepa que estamos ahí, que no le vamos a fallar, que cuando necesite silencio y soledad lo vamos a respetar y cuando quiera compañía, conversación, palabras de aliento, también se las proporcionaremos. Poco más podemos hacer, aunque es mucho. Pero también sabemos y se lo decimos, que el tiempo es su gran aliado, que poco a poco irá volviendo a la normalidad, que sus estudios no son ahora lo más importante, sino su recuperación y que el recuerdo de su madre, ahora muy doloroso, se irá dulcificando.

Ha venido otra alumna con un problema de ansiedad del que se está tratando hace algún tiempo. Lo que necesita es encontrar un interlocutor, alguien en quien apoyarse y que le escuche. La adolescencia es una edad compleja y la mente, en esas edades, caótica, inestable, indescifrable. Con 14 o 15 años, todo y nada es importante, no hay términos medios, se hacen amistades para toda la vida o enemigos irreconciliables, que duran, por lo menos, un día. Pero un adulto atento y sensible puede vislumbrar, si se lo propone y tiene paciencia y admite y tolera hasta un cierto límite los cambios de humor y los desplantes y no se fija en los cambios de voz, en los granos o en el desaliño, a personas que ya son capaces de razonar, de dejarte boquiabierto ante determinadas preguntas y razonamientos, que son generosas y desprendidas y con una curiosidad inmensa ante lo que les está sucediendo. Tenemos una suerte enorme, impagable, de tratarlos diariamente, aunque muchas veces acaben con nuestra paciencia, nos irriten sus expresiones, su falta de educación (según nuestros parámetros, claro), su indolencia, su irritabilidad o su desfachatez. Pero seguro que los echaré de menos.

6. El martes pasado me he reuní con los orientadores y orientadoras de Dos Hermanas. Asisten también los componentes del Equipo de Orientación Educativa de la localidad. Una vez al mes celebramos una reunión en la que solemos tratar temas que nos afectan directa y diariamente. Nos dividimos en comisiones, cada una de las cuales aborda un problema habitual en los centros: alumnado con dificultades de aprendizaje, problemas de disciplina y convivencia, alumnado con necesidad de apoyo educativo, cómo afrontar situaciones traumáticas, etc. Este curso me he apuntado a la comisión de alumnado con Trastorno del Espectro Autista, más concretamente con estudiantes diagnosticados con Síndrome de Asperger. En mi centro, en estos últimos cursos he tenido varios alumnos de este tipo y me interesa conocer lo más profundamente posible este problema. El diagnóstico, el trabajo diario, las relaciones con los compañeros, el tratamiento, la intervención en el aula y en el Departamento de Orientación, etc., son los aspectos que hemos tratado. Antes de finalizar el curso ponemos en común lo analizado por cada una de las comisiones, coordinamos el tránsito entre las diferentes etapas, intercambiamos información, etc.

Aprovechar las diferentes experiencias de los orientadores, las circunstancias en las que se desarrolla nuestro trabajo, las soluciones a los problemas, el intercambio de información o la resolución en grupo de las dudas que surgen, se ve favorecida por estas reuniones periódicas, en las que he aprendido mucho y también he podido valorar la complejidad de nuestra labor, sobre todo en determinados centros, y la suerte que he tenido al trabajar en un Instituto en el que, realmente, no hay especiales dificultades.

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(continuará)

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