La escuela te devuelve lo que tú le das

montaña

La montaña es como la escuela. Ella devuelve a los profesores lo que los profesores le dan. A quien dice cada día amargura le devuelve su amargura. A quien dice cada día felicidad le devuelve repetidamente felicidad. (Miguel Ángel Santos Guerra)

A lo largo de los dos años y medio que llevo elaborando este Blog, uno de los temas que más he tratado ha sido el de la motivación. Generalmente he hablado de la motivación del alumnado, cómo conseguir que nuestros estudiantes se interesen por lo que trabajamos en las aulas, cómo lograr que se emocionen y que la curiosidad les encamine hacia la búsqueda del conocimiento, del saber, cómo aumentar su participación, su autoestima… Sin embargo, reconozco que le he dedicado poco espacio a la motivación del profesorado. Damos por supuesto que ya que ganan un salario por enseñar, el entusiasmo como docentes se da por descontado, va en el sueldo.

La realidad, sin embargo, es otra. Hace exactamente dos años se publicó el resultado de una encuesta del CSIF que aseguraba que el 98% de los profesores de secundaria andaluces estaba desmotivado y las razones que lo explicaban eran, entre otras, la falta de respeto del alumnado, el aumento del horario, el supuesto acoso burocrático y la falta de apoyo de la administración. A raíz de dicha encuesta se abrió un debate en varios periódicos sobre ¿Cómo motivar al profesorado? Y en ese debate, las propuestas que cobraron más fuerza fueron la de mejorar su formación y la de incrementar su capacidad de trabajo en equipo.

Hace unos días, el profesor Miguel Ángel Santos Guerra, al que he mencionado en muchas ocasiones, escribió en su Blog El Adarve un artículo titulado El eco de la montaña, en el que se señala que la escuela devuelve a los profesores lo que los profesores le dan. A quien dice cada día “amargura” le devuelve su amargura. A quien dice cada día “felicidad” le devuelve repetidamente felicidad. Aunque la actitud es un problema de personalidad, en una profesión como la nuestra es fundamental, imprescindible, tomarnos los problemas como retos, como posibilidades de demostrar nuestra capacidad. Es muy fácil enseñar a los buenos estudiantes, en centros donde no hay problemas de disciplina. Pero donde un profesor demuestra su valía es con esos otros estudiantes desmotivados y problemáticos. No siempre lograremos buenos resultados. O mejor dicho, pocas veces alcanzaremos unos excelentes resultados académicos con ellos. Sin embargo, si conseguimos que sean ciudadanos respetuosos, tolerantes y críticos, podemos darnos por satisfechos.

Utilizando las palabras de Santos Guerra: “Las dificultades espolean a los buenos profesionales y hunden a los malos. Si en un país aparece una inesperada epidemia, los buenos médicos se sentirán invitados a trabajar más, a investigar, a esforzarse para superar la crisis. Los malos médicos dirán que ellos quieren trabajar solo con los sanos, que eso no lo estudiaron en la Facultad y que bastante hacen para lo que les pagan”.

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