Se llamaba Abel Martínez, pero eso a casi nadie le interesa. Era un profesor.

No puedo resistirme a reproducir esta carta. No es por sentido corporativo, por ser un compañero, un profesor, alguien que comparte conmigo y con decenas de miles de personas en todo el país una de las profesiones más bellas y más complicadas que existen, sino por ser una persona que, por un acto incomprensible, fue abatido a las puertas de su aula. Todo el foco de atención se ha puesto en el alumno, en las causas que provocaron ese desgraciado hecho, en los demás alumnos que necesitaron atención psicológica, pero muy pocos se han acordado de un hombre joven, que sólo llevaba diez días en el Instituto Joan Fuster de Barcelona. Se llamaba Abel Martínez, tenía 36 años, era profesor interino, encadenando sustituciones desde hacía años y le gustaban los cómics y el Barça.

Se llamaba Abel Martínez, pero eso a casi nadie le interesa. Era, según dicen, de Lérida y tenía 36 años. Trabajaba como profesor de Historia en un instituto de Barcelona, y murió en acto de servicio. Cayó abatido a la puerta de su aula, cuando acudía a poner orden en un incidente escolar.

Fue muerto (¿podré decir asesinado?) por un estudiante incontrolado del que lo sabemos casi todo y por el que todo el mundo, desde jueces a periodistas, pasando por psicólogos y políticos, está muy preocupado. Nadie sabe nada (ni importa, al parecer) de Abel y su familia, de su novia o tal vez de sus hijos.
Era un profesor. Si hubiera sido un militar caído en lejanas tierras, habría ido a buscar su cadáver el ministro del ramo, se le habrían hecho honores de Estado y seguramente le habrían condecorado con distintivo rojo o amarillo, vaya usted a saber.
Pero Abel era simplemente un profesor. Un profesor interino para más inri. El primer docente muerto en las aulas de nuestro país no se merece el oprobioso silencio, el incomprensible ninguneo que le han dedicado los medios de comunicación.
Así que solicito desde aquí que el próximo instituto que se inaugure en España lleve el nombre de Abel Martínez, y que se conceda al profesor leridano, a título póstumo, la Cruz de Alfonso X el Sabio.
Luis Azcárate Iriarte. Pamplona (carta en El Mundo)

Y tampoco me resisto a insertar un enlace al artículo de Miguel Ángel Santos Guerra Vida en la escuela:

Lo que es noticia es la muerte en la escuela, la violencia en la escuela, la tragedia en la escuela. Pero no es noticia casi nunca la vida en la escuela, la convivencia en la escuela, la educación en la escuela. Es noticia el profesor muerto a manos de un alumno, pero no lo son los profesores que cada día hacen frente a sus responsabilidades con menores sueldos, peores condiciones y escasa formación inicial y permanente.

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