Descubriendo la rueda: evaluar en secundaria

Aunque de manera a veces inconsciente e incluso irreflexiva, a lo largo de la vida tomamos decisiones continuamente. Desde que tenemos uso de razón, yo diría que casi desde la cuna, elegimos lo que hacemos, lo que decimos, lo que queremos. Muchas veces estamos excesivamente limitados o condicionados por nuestra herencia genética, familiar, social o cultural, por creencias, por tradiciones o por otras circunstancias que nos impiden elegir con libertad.

Dando por supuesto que esos condicionantes están dentro de unos parámetros digamos que normales, las decisiones inteligentes deberían evitar la improvisación y ser precedidas de una evaluación que recoja el mayor número de información posible, calibrando los pros y los contras, las ventajas y los inconvenientes. Si decido salir a pasear o quedarme en casa, comer tal o cual plato, leer un libro o ver la televisión, estudiar o divertirme, etc., seguramente habré pensado previamente qué alternativa era la mejor. Unas veces por diversión, otras por responsabilidad, a veces por influencia externa o vaya usted a saber por qué motivo, tomamos la decisión, elegimos el camino, nos embarcamos en proyectos o claudicamos y tiramos la toalla.

A estas alturas del discurso quizás alguno se haya preguntado que a dónde quiero llegar, que me estoy yendo por las ramas cuando el título del artículo es Descubriendo la rueda: evaluar en secundaria y yo estoy hablando de tomar decisiones en la vida. Pero es que me gusta llegar al meollo del asunto dando rodeos. Quizás sea por mi origen gallego, vaya usted a saber. Lo que pretendo es destacar la importancia de la evaluación, de recoger el mayor número de información posible y de saber ponderar las opciones. En educación la evaluación es un momento fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje: conocer si los objetivos perseguidos se han alcanzado, si los mecanismos puestos en práctica están dando resultados o si hay que realizar propuestas de mejora, sólo es posible si evaluamos con rigor y con variadas herramientas.

Y ahora pasamos al título de este artículo. Mi querido compañero José María González-Serna, profesor de lengua y literatura de mi instituto, con el que suelo intercambiar opiniones sobre variados temas no sólo educativos, tiene un magnífico blog llamado El Almacén. En una de sus entradas, haciendo referencia a algunos de los temas que he tratado últimamente (como la LOMCE y sus reválidas, por ejemplo) ha reflexionado sobre cómo evalúa o, mejor, sobre cómo le gustaría evaluar. El resultado lo presenta en el siguiente mapa conceptual:

Pulse sobre la imagen para ampliarla

Utilizo sus propias palabras: Una de las pocas cosas que tengo claras a estas alturas es que hay que medir lo que los estudiantes saben, lo que son capaces de hacer, así como el rigor y la forma de estar. Partiendo de la base de que lo evaluado es lo enseñado y termina por aprenderse, me gustaría que mis alumnos conociesen los conceptos propios de la asignatura y que fuesen capaces de aplicarlos en diversas situaciones de una manera rigurosa y colaborando con otras personas.

Y sigue con una propuesta de pruebas, estrategias e instrumentos de evaluación que permitirían valorar de una manera muy precisa las competencias adquiridas:

En una situación ideal, realizaría las siguientes pruebas para evaluar al alumnado durante un trimestre:

  1. Dos exámenes que incluyeran preguntas tipo-test (para ir habituándose al sistema de reválida), un análisis lingüístico o literario de algún fragmento textual y la resolución de un problema que obligase a relacionar conceptos.
  2. Un ensayo escrito sobre los contenidos trimestrales en el que mostrar sus habilidades para exponer, argumentar, narrar y/o describir. Podría permitirle usar todo el material que deseasen o, en otras ocasiones, no hacerlo.
  3. Una intervención oral (exposición, debate, relato, etcétera).
  4. La producción de un texto (no siempre lingüístico) creativo.
  5. Una prueba sobre las lecturas trimestrales (escrita u oral) en la que el estudiante pudiera valerse de todo el material que necesitase y orientada hacia la comprensión e interpretación de la obra.
  6. Una prueba sobre una audición.
  7. Un trabajo en equipo (a ser posible en colaboración con otras materias).
  8. La revisión del cuaderno del alumno.
  9. La observación de su trabajo diario (realización de tareas, salidas a la pizarra, etcétera).

Como se puede comprobar, los instrumentos son muy variados y se utilizan habitualmente en las aulas. Lo que se plantea es una sistematización de los mismos y lo que habría que añadir para ampliar la propuesta es la ponderación de cada uno de ellos en la valoración global. Si, además, para ser más objetivos y precisos se utilizan rúbricas (véanse varios ejemplos de las mismas pinchando aquí) previamente conocidas por los alumnos y elaboradas en función de los aspectos que se quieren evaluar, podríamos encontrarnos con un sistema de evaluación muy completo.

Descubriendo la rueda: evaluar en secundaria (por José María González-Serna).

el-almacen

Anuncios

Etiquetas: , , , , ,

2 comentarios to “Descubriendo la rueda: evaluar en secundaria”

  1. gonzalezserna Says:

    Gracias por la referencia y, sobre todo, por aportar ese enlace sobre rúbricas de evaluación. Es evidente que cada profesor debiera elaborar sus propias rúbricas, adaptadas a las circunstancias y objetivos en que trabaja; pero resulta muy interesante conocer propuestas en las que «inspirarse».

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: