Las cualidades del buen docente

En todos los blogs y páginas web educativas abundan las entradas y los artículos sobre las herramientas, los métodos y las técnicas de aprendizaje. En este mismo blog se pueden encontrar muchos ejemplos. Todo aquello que facilite el trabajo del docente y el aprendizaje del alumno es bienvenido y hay que ponerlo en práctica. En las facultades de educación se dedica mucho tiempo a analizar las estrategias, los métodos y la didáctica que debe utilizar el profesor, las competencias y las habilidades que debe adquirir el alumno y cómo hacerlo. Profesorado bien preparado y competente, alumnado motivado, material suficiente y adecuado. Todo ello es importante, no cabe duda y sin ello no sería posible una educación de calidad. En los medios de comunicación se suele dar relevancia a noticias sobre los resultados del Informe PISA, sobre la calidad de la educación en Finlandia, sobre el pacto educativo… Y en los centros se debate, se evalúa, se proponen estrategias, se intentan mejorar continuamente los resultados del aprendizaje de los estudiantes.

Pero quizás nos estemos olvidando de lo más importante y que repercute directa y fundamentalmente en todo el sistema educativo: las cualidades de un buen docente. Esa es la base de todo, no cabe ninguna duda y numerosos estudios lo demuestran. Podemos incrementar la inversión en educación, dotar a los centros de más medios y recursos, consensuar leyes educativas, disminuir el número de estudiantes por aula… Pero sin el docente, sin su preparación, sin su personalidad, sin sus cualidades, todo lo demás es irrelevante. Aula con pocos alumnos, muchos libros, ordenadores, espacios amplios, todo lo que podamos imaginar que facilite la tarea, nada de eso importa si el profesor no sabe realizar su trabajo y si, y esto es en lo que quiero hacer hincapié, no está dotado de unas cualidades que, en algunos casos se pueden aprender, pero en otros dependen de su personalidad. En eso consiste, precisamente, la dificultad de su preparación y de su selección.

Mi experiencia, mis años de trabajo en la enseñanza y muchos artículos y estudios me permiten, aunque seguramente con muchas limitaciones, exponer aquellas cualidades que debe tener un buen docente y que deberían ser un referente. Entre ellas no encontraréis la vocación porque creo que esa cualidad es la suma de todas las que expongo a continuación.

1. Paciencia. Saber adaptarse a los diferentes ritmos de aprendizaje de sus alumnos, no pretender que todos alcancen al mismo tiempo los mismo resultados, tener presente que son personas que están en fase de maduración, muchas veces con problemas personales y familiares que condicionan su comportamiento, aunque eso no signifique excesiva permisividad con actitudes irrespetuosas o indisciplinadas.

2. Cariño. El alumno debe sentir que no es uno más en la clase, sino que el profesor se preocupa por sus problemas y los conoce. Aprenderse en los primeros días los nombres de cada uno, preguntarles lo que les gusta, hacerse cercano, decir palabras de aliento, saber escuchar, sonreír… Hay muchas formas de expresar el cariño, la cercanía, la estima. Los estudiantes agradecen esos gestos que humanizan al docente y muestran que es alguien en quien se puede confiar y que refuerzan su autoridad. Hay que recordar las palabras de Freire: “Es imposible enseñar sin la capacidad forjada, inventada, bien cuidada, de amar”.

3. Motivación. La capacidad de motivar a los demás debe partir de la propia motivación del profesor, de concederle a su trabajo la importancia que tiene. Reconozco que este no es precisamente un buen momento para que un docente se sienta motivado, aunque el buen profesional suele dejar a un lado las dificultades y obstáculos que provienen del entorno y centrarse en su labor. Motivarse él como profesor para poder motivar a sus alumnos, buscar y encontrar en su tarea todo aquello que ilumine su trabajo. Y son muchas las luces que puede encontrar, la primera de ellas, la posibilidad de hacer mejores a las personas, porque eso también nos hará mejores.

4. Entusiasmo. Enlaza con el anterior. Un docente motivado es un docente que se entusiasma con su trabajo y transmite su pasión y su emoción a sus alumnos. A estos les resultará muy difícil permanecer impasible ante alguien que se entrega en su trabajo, que lucha por hacer entender los problemas más complejos, que disfruta, que se entrega. Su ejemplo, además, servirá para que aquellos que le rodean, afronten las dificultades también con entusiasmo. A punto de jubilarme, en junio de 2015, escribí un artículo titulado Pon todo tu corazón en lo que hagas, en donde explicaba con más amplitud y ejemplos la necesidad de apasionarnos con nuestro trabajo, ya que eso alejará la apatía de muchos estudiantes.

5. Empatía. Hace tres años escribí una entrada titulada La empatía en las aulas, en la que exponía la necesidad de los docentes de sentir con el otro, en este caso sus alumnos, entender y aceptar sus estados emocionales y comprender las razones de su comportamiento. Dentro de lo que se conoce como inteligencia emocional, la  empatía se define capacidad de reconocer emociones en los demás, de interpretar las señales que los demás expresan de forma inconsciente es fundamental para la vida en el aula. El docente debe estar atento a ese pulso, a ese latido individual y grupal que le rodea y procurar que sus alumnos también sean capaces de empatizar con sus compañeros y con su profesor.

6. Capacidad de mejora. Todos tenemos capacidad de mejorar en nuestro trabajo y en nuestras relaciones. Aunque es prácticamente imposible alcanzar la perfección, siempre debemos aspirar a ella, perseguirla, esforzarnos para subir peldaños, descubrir nuevos retos y nuevos horizontes. Aprender de los demás, formarse continuamente, estar al día en todas las novedades metodológicas y didácticas, aprovechar aquellas que mejor se adapten a nuestra personalidad y a nuestros medios. Lo peor que puede hacer un docente es conformarse, creer que ya no puede hacer más ni conseguir mejores resultados.

7. CríticoUn docente debe ser humilde, evaluarse constantemente, saber reconocer sus errores y sus aciertos y ser flexible para cambiar aquello que no da resultado. También debe saber aceptar las críticas de los demás, especialmente de sus alumnos, porque la capacidad de criticar, de reflexionar y exponer con argumentos sólidos aquello con lo que no están de acuerdo, debe ser uno de los objetivos para formar buenos ciudadanos.

Para finalizar, leed la entrada Mis diez mejores frases sobre educación. ¿Cuál es tu preferida? de un blog que suelo leer habitualmente, justificaturespuesta.com. Creo que completan de manera muy acertada todo lo que conlleva ser un buen docente.

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