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(Vamos a) Educar al margen de las leyes (educativas)

9 de diciembre de 2016

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No nos va a quedar otra. O mejor dicho, no os va a quedar otra a los que todavía estáis al pie del cañón o en las trincheras, perdonad por los términos bélicos que estoy empleando en un ámbito tan poco guerrero como es o debería ser la educación, que trabajar al margen, cuando no contra, la normativa educativa. Supongo que la mayor parte de los docentes están ya hartos de los vaivenes a los que son sometidos diariamente desde las instancias superiores, llámense ministerio, consejería o delegación a base de instrucciones, reglamentos, órdenes, decretos o leyes educativas. Realmente me podéis creer si os confieso que terminé mi largo periplo como maestro y orientador cansado de tener que leerme diariamente la normativa que se publicaba, como si trabajara en un bufete de abogados o en una notaría. En los últimos años, lo primero que hacía era entrar en la página del BOJA o de la Consejería de Educación (o en la web de la inspección, que me permitía, además, saber si el Ministerio también había  tenido alguna ocurrencia) y cruzar los dedos o rezarle al santo o santa del día para que no hubiera novedades al respecto. Si no las había, ya podía respirar y trabajar tranquilo, procurando recordar lo último que se había publicado relativo a currículum, organización y funcionamiento, evaluación, titulación, acceso a la universidad, formación del profesorado, absentismo escolar, atención a la diversidad… Porque el orientador, por si no lo sabéis, abarca prácticamente todos los ámbitos en que se desenvuelve la acción escolar. Y raro era el día en que algún compañero no me venía preguntando cualquier cosa relativa a su responsabilidad docente, aunque también sobre concursos de traslados, comisiones de servicio, régimen disciplinario, permisos y licencias, etc., etc.

Cuando ya parecía que me había enterado de la última disposición surgida de la mente preclara de algún adscrito, jefe de sección, jefe de servicio, director general o consejero, y era capaz de decir de corrido el título, la fecha de publicación e incluso el número y el texto completo de algún artículo o disposición transitoria, ¡zas!, se publicaba una nueva que hacía inservible todo lo que ya sabía. Y aquí tengo que confesar que yo también formé parte durante algún tiempo de ese batallón que se dedicaba a elaborar normativa, porque trabajé como adscrito, jefe de subprograma y técnico, respectivamente, en varias direcciones generales de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía y durante trece años, trece nada más y nada menos, una de mis funciones fue la de trabajar sobre instrucciones y órdenes de evaluación y formación del profesorado (alguna de la cual quizás siga en vigor, prefiero no comprobarlo).

Vuelvo al comienzo. Si hace unos años era agobiante trabajar en los centros ateniéndose a lo que emanaba de la normativa educativa, pues suponía en muchos casos tener las manos atadas para elaborar materiales, realizar actividades extraescolares, modificar horarios y agrupamientos, cambiar contenidos, etc., en la situación actual debe ser, y digo debe porque ya no lo vivo en primera persona, desesperante. Lo más cómodo es decirse que para qué voy a luchar contra molinos de viento y darme un trompazo con la realidad de falta de recursos personales y materiales, aumento de la ratio, incremento de la burocracia, cambios constantes en todo lo relacionado con la LOMCE, informes PISA…, así que bajo las manos y hago lo que me diga el inspector y la consejería. Pero eso significa perder el entusiasmo y dejar de creer en el valor de la educación como herramienta transformadora e impulsora de la sociedad.

Así que os propongo, viendo los toros desde la barrera de la jubilación, pero también desde la experiencia de cuarenta años trabajando en primera línea, que paséis de todo eso, que os tapéis los oídos y que pongáis en funcionamiento vuestra creatividad. Proponed a vuestros compañeros de departamento, al equipo directivo, un proyecto ambicioso, con entusiasmo, basado en lo que los estudiantes saben realmente y en lo que podrían llegar a saber con los medios con los que contáis (acordaos: Zona de Desarrollo Potencial). Preguntadle también a vuestros estudiantes: cómo os gustaría aprender, qué os gustaría aprender, para qué queréis aprender. Puede parecer una tontería, pero seguro que os encontraréis con sorpresas agradables. Y no os costaría mucho tiempo, una sesión de clase, quizás (ahora escucho a mis compañeros de bachillerato riéndose y preguntándome que qué hacen con la selectividad, pero eso es otro tema; yo estoy dirigiéndome, fundamentalmente, al profesorado de secundaria). Y por qué no, preguntar también a los padres. La mayor parte tiene interés en la educación de sus hijos, escuchan lo que les dicen en casa, tienen su propia experiencia. Con probar no se pierde nada.

Trabajar al margen de la ley no es ir contra las leyes, sino hacer como si no existieran, pensando fundamentalmente en el bien de nuestros estudiantes. El problema principal es que siempre estamos comparando y siendo comparados (me he negado esta vez a realizar comentario alguno sobre el último informe PISA), obviando que cada persona es distinta y que no se puede evaluar con los parámetros que se utilizan habitualmente, usando el mismo rasero para todos. Pero ahora me preguntaréis, ¿quién le pone el cascabel al gato?, ¿quién se atreve a ir contra corriente, modificando curriculum, cambiando horarios y agrupamientos, realizando propuestas novedosas? Pues ya hay muchos centros que lo hacen, que se niegan a bajar los brazos y la cabeza y que, a pesar de todo y de todos, están obteniendo excelentes resultados. Seguro que si buscáis, encontraréis muchos ejemplos como los que propongo a continuación:

Las pedagogías alternativas

El Aprendizaje Basado en Proyectos

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Se admiten sugerencias.

¿Será posible, por fin, el pacto educativo?

18 de noviembre de 2016

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Parece que soplan nuevos vientos en política. Por ahora se han acabado los rodillos y las mayorías absolutas, que han provocado una de las más lamentables épocas para la ciudadanía. En educación, la crisis económica produjo una disminución en las inversiones educativas que se tradujo en falta de profesorado de apoyo, de sustituciones, de mejoras materiales… Las brechas se hicieron más grandes, pues la escuela pública sufrió mucho más que la privada dicha crisis. A eso se sumó la nefasta actuación de un personaje cuyo paso por el Ministerio de Educación ha dejado una huella que esperemos se pueda superar, pues han sido unos años perdidos que ya no se podrán recuperar.

Se habla de la necesidad de un pacto educativo (hace años que venimos escuchando esta cantinela, a ver si alguna vez se hace realidad), como el que ya intentaron en su momento el PSOE con el ministro Ángel Gabilondo en el año 2010, pero que fue tumbado por el PP, o el que presentó hace unos meses José Antonio Marina mediante el documento titulado Papeles para un pacto educativoCreo que cualquiera de los dos podrían servir de punto de partida para iniciar un debate serio, riguroso y lo más amplio posible en la sociedad. El problema está en los casi seguros enrocamientos que los diferentes partidos políticos, sindicatos, asociaciones de profesores y de padres, etc., van a mostrar en dicho debate, si al final se produce.

Sería muy importante, como planteamiento inicial, dejar a un lado las confrontaciones políticas, en concreto derecha-izquierda, tratando de eludir las profundas diferencias que los separan y poner el acento en aquellos puntos que pueden ser consensuados: el papel del profesorado y su formación inicial y continua, la necesaria financiación de la educación, la modernización de la FP…

Analizar qué educación queremos para qué tipo de sociedad. Para ello es fundamental contar con expertos, y aquí utilizo el término experto como persona que tiene experiencia, es decir, aquellos que realmente trabajan con los estudiantes de las diferentes etapas educativas y no los que se limitan a realizar propuestas teóricas sin analizar los problemas reales en las aulas. Como es lógico, también sería importante la colaboración de expertos en sociología, tecnologías, mundo sindical y empresarial, asociaciones de profesorado y de familias, etc., pues se enriquecería el debate y la reflexión. No me olvido aquí, claro está, del papel de los orientadores y orientadoras en los centros. Su conocimiento del sistema educativo, de los problemas de los estudiantes, de las charlas y reuniones con los tutores y con los profesores, de su relación con los equipos directivos, etc., los convierten en actores imprescindibles y necesarios en este análisis. Debemos aprovechar esta situación y liderar, si es posible mediante documentos consensuados por los distintos colectivos, las reflexiones que se realicen.

Ahondar en la autonomía de los centros, que en la actualidad son prisioneros de una administración que muy pocas veces se preocupa de los problemas reales en las aulas.

Y, como es lógico, analizar la realidad y la situación actual de la enseñanza, sin poner paños calientes, sin dejar que los reproches y las culpas envenenen el debate ni dejar que los intereses políticos y económicos tapen o encubran las carencias que realmente tiene el sistema educativo. ¿De verdad que no es posible encontrar un mínimo punto de consenso?

En estos momentos parece que lo más urgente es ir desmontando, entre otras cosas, el calendario de implantación de determinados aspectos de la LOMCE, como las reválidas. Según las últimas noticias aparecidas en prensa la reválida de la ESO será voluntaria y la de Bachillerato sólo examinará de las asignaturas de 2º curso. Es un primer paso, pero importante, sobre todo para lograr que alumnado, profesorado y familias sepan a qué atenerse de aquí a final de curso. Crucemos los dedos y esperemos que, dada la urgencia de esta y otras medidas, la educación deje de ser un campo de confrontación y se convierta en lo que debe ser, una fuente de riqueza, de cultura, de formación de ciudadanos responsables y dueños de su presente y de su futuro.

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La educación actual, a juicio

3 de octubre de 2016

Aunque todos los que nos dedicamos a la educación lo sabemos, la profesión docente es una de las más difíciles de ejercer. Son tantos y tan complejos los factores que intervienen que es prácticamente imposible controlarlos todos. Incluso partiendo de una excelente preparación del profesorado y de unas condiciones materiales adecuadas, sigue siendo una tarea extremadamente difícil y de una enorme responsabilidad, y más si tenemos en cuenta la época que nos ha tocado vivir, en la que apenas se encuentran faros o balizas claras y nítidas que señalen la ruta, ya que son demasiadas y, a veces, esconden oscuros intereses (por ejemplo, intereses políticos, editoriales…). Y tampoco se encuentran caminos anchos y bien asfaltados por los que sea cómodo caminar, pues están sembrados de numerosos obstáculos, baches y trampas. Estos caminos tendrían que ser construidos por las administraciones educativas pero, ya veremos más adelante, que en lugar de carreteras o autopistas, construyen caminos de cabras o destruyen los que estaban ya bien hechos

Si empezamos por la preparación del profesorado, son numerosas las voces autorizadas que, desde hace décadas, claman en el desierto por la escasa formación didáctica, metodológica y práctica que se imparte en las facultades de educación. Hay excesivos contenidos teóricos que después tienen poca o nula aplicación en las aulas. Y eso con los maestros de primaria, porque con los futuros profesores de secundaria, bachillerato y formación profesional el panorama es todavía peor. En la actualidad, los másteres de educación secundaria (MAES) se limitan a introducir, de manera burda y poco elaborada, algunos contenidos didácticos que sólo pretenden cubrir el expediente. La universidad todavía está muy lejos de poder implantar un protocolo y una estrategia capaz de conectar al futuro profesorado con la vida real de los centros educativos. Únicamente la experiencia, años de trabajo en colegios e institutos, el apoyo y la ayuda de los compañeros y de la dirección, y el esfuerzo y la dedicación personal, son las herramientas que sustituyen a la formación inicial del profesorado. Tampoco ayudan mucho, la verdad, los centros de profesores (centros del profesorado en Andalucía), que se han convertido en una extensión más de la administración educativa y que conectan mal con las necesidades reales de los docentes.

Otro obstáculo, todavía peor que los anteriores, es la administración educativa. Por si no fuera compleja la realidad de las aulas, muchas de ellas con excesivo número de alumnos, algunos con necesidades específicas de apoyo educativo, con dificultades de aprendizaje, con situaciones familiares extremas (paro, desarraigo, maltrato…), alumnado inmigrante, a veces el bullying, el uso inadecuado de las tic (en el caso de que éstas funcionen, claro), tengo que confesar que de mis cuarenta años de experiencia docente, los últimos los he vivido con auténtica desazón por la cantidad de horas que tenía que dedicarle a tareas burocráticas. Y lo peor es que la inspección, lejos de ayudar y de orientar al profesorado se ha dedicado, con honrosas excepciones, a vigilar y a comprobar que esas tareas estaban correctamente realizadas. Desconozco la situación de otras comunidades autónomas, pero en Andalucía sé de compañeros que tienen pesadillas con Séneca, la aplicación diseñada por la Consejería de Educación para llevar a cabo todo el proceso de gestión administrativa que conlleva la labor docente. Y aquí está el quid de la cuestión: ese proceso se ha multiplicado de tal forma que es incalculable el número de horas que hay que dedicarle para hacerlo correctamente: tutorías, entrevistas de padres, sesiones de evaluación, boletines de notas, programaciones docentes, comunicaciones a las familias… Aunque es lógico que exista control por parte de la administración, ya que es ella la que proporciona los medios, no es lógico que quiera controlarlo todo, pues impide la necesaria creatividad docente, que cada vez encuentra más dificultades para desarrollarse.

Leyes educativas cambiantes, currículos cada vez más cerrados, reválidas, evaluaciones de centros, menor inversión en educación, bajas que no se cubren, desinterés general por la educación tanto por parte de muchos padres como por los partidos políticos, que la utilizan como medio de atacar al adversario o de introducir determinadas ideologías. Así podríamos seguir páginas y páginas, horas y horas.

Aunque ya soy un profesor jubilado, me duele la situación actual de la educación. Se habla desde hace mucho tiempo de que hay que alcanzar un gran pacto por la educación, pero mientras se haga exclusivamente desde el ámbito político y no seamos capaces de implicar de manera efectiva a todos los que directamente están implicados en la enseñanza (profesorado, familias, alumnado, agentes sociales…), seguiremos lamentándonos y perdiendo un tiempo precioso.

Dejo para el final un vídeo impactante que refleja una parte, quizás la más importante, de la enseñanza: qué hacemos actualmente en las escuelas. ¿Preparamos realmente a los estudiantes para el futuro o seguimos mirando sólo al pasado, reproduciendo patrones y errores que sabemos que existen pero no somos capaces de evitar?

 

El calendario académico español es tan concentrado que no es equitativo

15 de mayo de 2016

En este artículo de La Voz de Galicia se analiza cómo el calendario académico español perjudica a los estudiantes rezagados o con problemas de aprendizaje. Pincha en la imagen y accede al artículo completo.

Descubriendo la rueda: evaluar en secundaria

14 de mayo de 2015

Aunque de manera a veces inconsciente e incluso irreflexiva, a lo largo de la vida tomamos decisiones continuamente. Desde que tenemos uso de razón, yo diría que casi desde la cuna, elegimos lo que hacemos, lo que decimos, lo que queremos. Muchas veces estamos excesivamente limitados o condicionados por nuestra herencia genética, familiar, social o cultural, por creencias, por tradiciones o por otras circunstancias que nos impiden elegir con libertad.

Dando por supuesto que esos condicionantes están dentro de unos parámetros digamos que normales, las decisiones inteligentes deberían evitar la improvisación y ser precedidas de una evaluación que recoja el mayor número de información posible, calibrando los pros y los contras, las ventajas y los inconvenientes. Si decido salir a pasear o quedarme en casa, comer tal o cual plato, leer un libro o ver la televisión, estudiar o divertirme, etc., seguramente habré pensado previamente qué alternativa era la mejor. Unas veces por diversión, otras por responsabilidad, a veces por influencia externa o vaya usted a saber por qué motivo, tomamos la decisión, elegimos el camino, nos embarcamos en proyectos o claudicamos y tiramos la toalla.

A estas alturas del discurso quizás alguno se haya preguntado que a dónde quiero llegar, que me estoy yendo por las ramas cuando el título del artículo es Descubriendo la rueda: evaluar en secundaria y yo estoy hablando de tomar decisiones en la vida. Pero es que me gusta llegar al meollo del asunto dando rodeos. Quizás sea por mi origen gallego, vaya usted a saber. Lo que pretendo es destacar la importancia de la evaluación, de recoger el mayor número de información posible y de saber ponderar las opciones. En educación la evaluación es un momento fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje: conocer si los objetivos perseguidos se han alcanzado, si los mecanismos puestos en práctica están dando resultados o si hay que realizar propuestas de mejora, sólo es posible si evaluamos con rigor y con variadas herramientas.

Y ahora pasamos al título de este artículo. Mi querido compañero José María González-Serna, profesor de lengua y literatura de mi instituto, con el que suelo intercambiar opiniones sobre variados temas no sólo educativos, tiene un magnífico blog llamado El Almacén. En una de sus entradas, haciendo referencia a algunos de los temas que he tratado últimamente (como la LOMCE y sus reválidas, por ejemplo) ha reflexionado sobre cómo evalúa o, mejor, sobre cómo le gustaría evaluar. El resultado lo presenta en el siguiente mapa conceptual:

Pulse sobre la imagen para ampliarla

Utilizo sus propias palabras: Una de las pocas cosas que tengo claras a estas alturas es que hay que medir lo que los estudiantes saben, lo que son capaces de hacer, así como el rigor y la forma de estar. Partiendo de la base de que lo evaluado es lo enseñado y termina por aprenderse, me gustaría que mis alumnos conociesen los conceptos propios de la asignatura y que fuesen capaces de aplicarlos en diversas situaciones de una manera rigurosa y colaborando con otras personas.

Y sigue con una propuesta de pruebas, estrategias e instrumentos de evaluación que permitirían valorar de una manera muy precisa las competencias adquiridas:

En una situación ideal, realizaría las siguientes pruebas para evaluar al alumnado durante un trimestre:

  1. Dos exámenes que incluyeran preguntas tipo-test (para ir habituándose al sistema de reválida), un análisis lingüístico o literario de algún fragmento textual y la resolución de un problema que obligase a relacionar conceptos.
  2. Un ensayo escrito sobre los contenidos trimestrales en el que mostrar sus habilidades para exponer, argumentar, narrar y/o describir. Podría permitirle usar todo el material que deseasen o, en otras ocasiones, no hacerlo.
  3. Una intervención oral (exposición, debate, relato, etcétera).
  4. La producción de un texto (no siempre lingüístico) creativo.
  5. Una prueba sobre las lecturas trimestrales (escrita u oral) en la que el estudiante pudiera valerse de todo el material que necesitase y orientada hacia la comprensión e interpretación de la obra.
  6. Una prueba sobre una audición.
  7. Un trabajo en equipo (a ser posible en colaboración con otras materias).
  8. La revisión del cuaderno del alumno.
  9. La observación de su trabajo diario (realización de tareas, salidas a la pizarra, etcétera).

Como se puede comprobar, los instrumentos son muy variados y se utilizan habitualmente en las aulas. Lo que se plantea es una sistematización de los mismos y lo que habría que añadir para ampliar la propuesta es la ponderación de cada uno de ellos en la valoración global. Si, además, para ser más objetivos y precisos se utilizan rúbricas (véanse varios ejemplos de las mismas pinchando aquí) previamente conocidas por los alumnos y elaboradas en función de los aspectos que se quieren evaluar, podríamos encontrarnos con un sistema de evaluación muy completo.

Descubriendo la rueda: evaluar en secundaria (por José María González-Serna).

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¿Por qué no mantener abierto el debate sobre lo que ocurre en las aulas? Reflexiones después del homicidio de Abel Martínez, profesor

4 de mayo de 2015

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Uno de mis blogs preferidos y que me sirve de referencia para muchas de mis entradas es el de Alberto del Mazo ¿QuÉduQuÉ-QuÉduCuándo? En su artículo publicado el 2 de mayo trata sobre un tema que no debe caer en el olvido y que quiere mantener vivo. Partiendo del apuñalamiento del profesor Abel Martínez por un alumno de 13 años, Alberto hace un recorrido por diferentes blogs y redes sociales entresacando algunas opiniones y reflexiones que dan una visión sobre lo que el mundo educativo y el psiquiátrico piensa de ese triste hecho.

A continuación se recogen también otros artículos en los que se analiza qué podemos hacer a partir del suceso, con materiales muy diversos que nos aproximan y que nos pueden dar respuestas para afrontar situaciones, si no similares (esperemos que no), sí como prevención para que no vuelvan a ocurrir. Muy útil es una entrada sobre recursos para intervenir en emergencias sociales, tragedias y desastres.

Se puede leer el artículo completo en el siguiente enlace:

¿Debemos mantener abierto el debate sobre lo que ocurre en las aulas? Reflexiones después del homicidio de Abel Martínez, profesor

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El eterno debate sobre los deberes

9 de abril de 2015

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En los últimos días he leído tanto en la prensa como en diversos Blogs, varios artículos sobre los deberes. La mayor parte de ellos están de acuerdo en que hay que racionalizar, disminuir, modificar o incluso suprimir los deberes en casa. La propia palabra deber (imposición, obligación, exigencia) ya implica un alejamiento de lo que tendría que ser la auténtica educación y su compañera imprescindible, la motivación: curiosidad por aprender, por ser mejores, por incrementar nuestra cultura. La disminución de los deberes o su racionalización no significa necesariamente que tenga que desaparecer el esfuerzo, el trabajo, el sacrificio o el estudio  en casa.

Numerosas investigaciones señalan que no hay evidencias de que los deberes escolares tengan un impacto positivo en el aprendizaje. Y sin embargo, parece que cada vez se ponen más deberes y a edades más tempranas.

Muchos padres, profesores y algunos estudios están a favor de los deberes con los siguientes argumentos:

Beneficios académicos a corto plazo:

  • Mejor retención del conocimiento
  • Mayor comprensión
  • Mejor pensamiento crítico, formación de conceptos, procesamiento de la información

Beneficios académicos a largo plazo:

  • Más aprendizaje durante el tiempo libre
  • Mejora de la actitud hacia la escuela
  • Mejores hábitos de estudio y habilidades

Beneficios no académicos:

  • Mayor auto-dirección
  • Mayor auto-disciplina
  • Mejor organización Más curiosidad
  • Mayor independencia en la resolución de problemas

Beneficios para padres y familia:

  • Mayor aprecio y participación en la educación por parte de los padres
  • Mayor interés por el progreso académico de los hijos
  • Fomenta la conexión entre el hogar y la escuela

Pero también hay padres y profesores que señalan como argumentos en contra de los deberes los siguientes:

Saciedad

  • Pérdida de interés en la materia académica
  • Fatiga física y emocional
  • Limitación del tiempo libre y actividades extra-escolares

Interferencia parental

  • Presión para completar la tarea y buen desempeño
  • Confusión entre técnicas de instrucción

Trampa

  • Copia de otros estudiantes
  • Necesidad de ayuda más allá de tutoría

Aumento de las diferencias entre los alumnos de alto y bajo rendimiento

(Fuente: Los deberes escolares: ¿son o no son necesarios?)

En los siguientes enlaces podemos ampliar toda la información, fundamentalmente con argumentos en contra. Al final hay un enlace al Blog de Santiago Moll Justifica tu respuesta que, sin entrar en el debate, propone trucos para animar a los alumnos a hacer los deberes en casa.

El debate está servido.

10 verdades acerca de los deberes (o 10 razones para dejar de mandar deberes)

Francesco Tonucci: “Los deberes son una equivocación pedagógica y un abuso”

Hay que terminar con los deberes escolares

Por la racionalización de los deberes en el sistema educativo español

Un truco para que tus alumnos hagan los deberes en casa


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