Posts Tagged ‘motivación’

Los secretos de la motivación

25 de enero de 2017

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(Publicado en la página de Ortientagades).

En este nuevo volumen de la Biblioteca UP, José Antonio Marina desentraña los secretos de la motivación, mucho más allá del conocido recurso del palo y la zanahoria, para hacer posible nuestra grandeza como individuos. Porque quien posea la clave de la motivación va a poseer la clave del comportamiento humano.

Pregúntale a Marina. Más de 100 vídeos con miles de reproducciones.

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Cómo surge la vocación docente

28 de septiembre de 2016

Es muy difícil explicar cómo nos inclinamos por realizar unos estudios u otros o por desempeñar un trabajo concreto. Los orientadores sabemos bien que son muchos los factores que intervienen para tomar esas decisiones: la tradición familiar, las aptitudes individuales, las modas, la situación económica… Unas veces porque desde muy jóvenes nos inclinamos hacia una determinada profesión y hasta que no lo conseguimos no paramos, otras por descartar lo que no nos gusta y nos decantamos, más que por un trabajo concreto, por lo que hoy se denomina una rama del conocimiento o del empleo, y otras porque no nos queda más remedio que hacerlo porque no hay otra alternativa, tendremos que reconocer que cada persona tiene una determinada experiencia y es difícil que se pueda trasladar a los demás.

Hoy quiero explicar, mediante un relato que contiene una parte de ficción pero también una gran dosis de lo que me ocurrió realmente, cómo llegué a tomar la decisión de dedicarme a la enseñanza. El ejemplo de un profesor, como podréis comprobar a continuación, es lo que, en gran medida, ayudó a que mi trabajo, durante cuarenta años, fuera la docencia. Espero que os guste.

Duos habet et bene pendentes (o cómo empecé a amar la historia y la enseñanza)

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La primera vez que escuché esta frase latina fue en cuarto del antiguo bachillerato elemental, que cursé en el Instituto Masculino de La Coruña (hoy IES Salvador de Madariaga). Estamos hablando de abril o mayo del año 1969, cuando acababa de cumplir 14 años o estaba a punto de cumplirlos. Había terminado la clase de matemáticas y estábamos esperando a que llegara el profesor de historia, seguramente haciendo un ruido de mil demonios, todos levantados y hablando a gritos, lo que era normal teniendo en cuenta que la disciplina era férrea durante las clases y los únicos momentos para que una pandilla de adolescentes se desfogara era en los intermedios entre clase y clase y a la hora del recreo. Yo me sentaba al lado de Casanova, un chicarrón que, a pesar de su enorme tamaño, iba siempre con unos pantalones cortos muy ajustados, cosa normal si era verano, pero que él llevaba durante todo el año y que dejaban ver una piernas que siempre estaban llenas de heridas y de costras. Yo le tenía un cierto respeto, por no decir miedo, ya que solía aprovecharse de su fuerza y de mi natural medroso para obligarme a decirle las soluciones de los ejercicios, susurrarle las respuestas en los exámenes  y cuando le preguntaba algún profesor o hacerle los deberes que casi nunca solía traer hechos. Ahora comprendo que para él sería casi imposible el estudio, pues vivía en una aldea a unos quince o veinte kilómetros de Coruña y teníamos clase mañana y tarde por lo que, cuando llegara a su casa, después de coger un par de autobuses, no creo que tuviera muchas ganas de estudiar ni de hacer deberes. Algunos años más tarde, cuando terminé los estudios de magisterio y comencé a trabajar, me lo encontré en un taller mecánico y me cambió las pastillas de freno mientras recordábamos viejos tiempos. Yo le eché en cara los malos momentos que me hizo pasar, pero, en realidad, terminé agradeciéndole que me ayudara a defenderme y a saber salir de situaciones comprometidas. Hace más de cuarenta y cinco años que no le veo, pero todavía recuerdo como si fuera ayer su tímida sonrisa de despedida y su mirada triste, mezcla de envidia y de nostalgia por un pasado que, seguramente, sería mejor que su futuro.

Además de Casanova, recuerdo a Cortón y a Cao, los más listos de la clase y que nos miraban por encima del hombro, como si fuéramos medio retrasados y no pudiéramos entender sus ingeniosos juegos de palabras y sus alusiones a científicos y escritores que nunca nos sonaban; a Ricardo y a Balsa, amigos inseparables y que continuamente estaban inventando bromas y trastadas, que siempre quedaban impunes pues nadie podía acusarlos si uno no quería ser considerado un chivato, el peor insulto que alguien podía recibir. También recuerdo a Carré y a Dequidt, dos grandes deportistas, el primero creo que llegó a ser campeón gallego de cuatrocientos metros vallas y después se hizo un excelente y reconocido fotógrafo, mientras que el segundo competía en esgrima. He perdido la pista de casi todos ellos, pues ninguno siguió la vocación de la enseñanza y se dedicaron a otros menesteres.

Menos los ya mencionados Cortón y Cao, que estarían hablando de filosofía o de literatura, los demás estábamos tirándonos bolas y aviones de papel, persiguiéndonos entre las mesas dando alaridos o haciendo cualquier otra tontería cuando, de pronto, se hizo un silencio sepulcral y todos corrieron a sentarse en sus respectivos asientos, todos menos Casanova y yo, que estábamos al final de la clase, él corriendo, como casi siempre, detrás de mí para darme alguna colleja o hacerme caer con una zancadilla. Y así fue como nos encontró un profesor que nunca habíamos visto en el Instituto, un hombre alto, de pelo largo y lacio que casi le llegaba a los hombros, barba recortada, con jersey negro de cuello subido y pantalones vaqueros, indumentaria que contrastaba vivamente con la que solían utilizar todos los profesores del instituto, que vestían con el típico uniforme docente de aquella época, traje o chaqueta y, por supuesto, corbata, y don Germán, el profesor de religión, con sotana, como no podía ser de otra manera.

Por mucho que mi compañero y yo intentamos pasar desapercibidos, fue inútil. Comenzamos a movernos despacio hacia nuestras sillas, pero él, con un gesto de la mano, ordenó que nos estuviéramos quietos. Se acercó lentamente a la tarima donde se encontraban la mesa y el sillón del profesor mientras en su rostro se apreciaban una mirada y una medio sonrisa que denotaban una mezcla de diversión y de sadismo, y eso provocó en toda la clase, y sobre todo en Casanova y en mí, una reacción de pánico que nos duró hasta que, tras un breve silencio que a nosotros nos pareció eterno, soltó su primera frase:

— A ver, el correcaminos y el coyote, que se acerquen.

(podéis continuar leyendo en el siguiente enlace, en otro blog que también administro):

Duos habet et bene pendentes (o cómo empecé a amar la historia y la enseñanza)

Los ninis y la motivación. Pasando páginas, cerrando capítulos

13 de junio de 2015

A lo largo de mi larga vida profesional he tenido, como la mayor parte de los docentes, éxitos y fracasos, aciertos y errores, triunfos y derrotas. Comprobar cómo antiguos alumnos me paran por la calle (generalmente son ellos los que lo hacen porque con los años suelen cambiar mucho su aspecto físico y yo no soy capaz de reconocerlos), se alegran de verme, me cuentan que ahora son abogados, médicos, comerciantes o electricistas y me recuerdan anécdotas del colegio, a los compañeros de clase, me presentan a sus mujeres, a sus maridos, a sus hijos… La satisfacción, la alegría y el orgullo de haber contribuido en algo a mejorar sus vidas es enorme. Ese es el mejor premio que como profesores y maestros podemos recibir.

El problema es que los éxitos, los aciertos y los triunfos se ven empañados por los, esperemos que pocos o no demasiados, fracasos, errores y derrotas que también he tenido en cuarenta años como maestro y orientador. Uno de los que más pena y rabia me da es el de no haber sido capaz de motivar, de conseguir que algunos estudiantes se interesaran por los estudios, por la educación, por aprender algo, por querer alcanzar alguna meta. Tampoco quiero echarme todas las culpas, porque no sería justo conmigo mismo ni con una profesión que, queramos o no, depende de muchos factores que no podemos controlar en su totalidad.

nini

Las familias son, en buena medida, aunque no las únicas, el caldo de cultivo de jóvenes que ni estudian, ni trabajan, ni sueñan, ni se esfuerzan, ni tienen horizontes. Unos son así por haber nacido y vivido con padres sobreprotectores, que desde pequeños les han dado todo lo que han querido, sin haberlos educado en los valores del esfuerzo, del trabajo, de la lucha, de la responsabilidad. O que se han desentendido de ellos por sus propios problemas, que no han prestado atención al drama que viven sus hijos, dejándolos al albur de una sociedad que tampoco premia esos valores.

También puede ser que hayan llegado a esa situación de víctimas a pesar de haberse esforzado, porque han estudiado, han buscado trabajo hasta la extenuación y han visto cómo, a pesar de todo, los han despreciado y echado a la cuneta. Ya están agotados y no quieren ni pueden seguir buscando.

“Y después está el sistema educativo. ¿Qué respuesta da a las necesidades de estos jóvenes? ¿Cómo los ha preparado para la vida? ¿Qué herramientas les ha dado para interpretar el mundo? ¿Qué es lo que han aprendido a hacer? ¿Cómo los ha orientado para que puedan desenvolverse en el mercado laboral?” (preguntas que se hace Santos Guerra en su artículo Los ninis. Por cierto, en él se hace referencia a la película Déjate caer, que refleja con toda su crueldad, pero también con gran sensibilidad, la vida de estos jóvenes).

Pere Marquès, en las dos presentaciones siguientes, nos da unas claves sobre la motivación y los factores y causas de la falta de trabajo de los alumnos en las aulas

Quedan ya pocos días para el 30 de junio, fecha en la que me jubilo. Tengo que ir cerrando capítulos, pasando páginas de un libro que he escrito con muchas ganas. El capítulo de la motivación es uno de ellos. Por cierto, recomiendo a los maestros y a los profesores que están empezando que se acostumbren a tener un diario, pero un diario que refleje sobre todo las anécdotas, las frases, las emociones que se sienten en las aulas. Yo no lo he hecho y me arrepiento. La memoria es muy frágil y seguro que me he olvidado de grandes momentos que ahora no soy capaz de recordar.

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v = (c + h) * a. Nuestro valor como personas

1 de junio de 2015

No, el encabezamiento de este artículo no es una fórmula de física, de matemáticas o de economía. Fue creada hace unos años por el consultor Víctor Küppers, en la que cada una de las incógnitas tiene el siguiente significado:

v= es nuestro valor como personas.

c= equivale a nuestros conocimientos, nuestra preparación

h= son las habilidades que poseemos, la experiencia que vamos adquiriendo.

a= es la actitud que tenemos en la vida

Lo primero que podemos observar es que los conocimientos y las habilidades suman, pero lo que realmente marca una diferencia en nuestro valor como personas en los diferentes ámbitos en los que nos movemos (familia, amigos, trabajo…) es la actitud, por eso no suma, sino que multiplica. A un buen jefe, a una buena amiga, a un buen padre los valoramos por su actitud, no por su currículum. A todos nos valoran y nos aprecian en función de nuestra manera de ser. Por eso nuestra prioridad en la vida es la lucha diaria para ser las mejores personas que podemos llegar a ser.

No es que los conocimientos no sean importantes, sino que depende de cómo se utilicen, con qué energía y en qué sentido, podrán tener más o menos relevancia. En la mayoría de los trabajos que realizamos, en las relaciones que tenemos y en los roles que representamos somos valorados por nuestra forma de ser, por la energía que desarrollamos, por el entusiasmo que ponemos y que somos capaces de impulsar en los demás. La profesión docente es un buen ejemplo: al profesor se le da por supuesto que tiene amplios conocimientos en la materia que imparte, pero lo que diferencia a un buen docente de uno regular o malo es la capacidad de motivar, de entusiarmar, de conseguir que sus alumnos quieran asistir a sus clases y de aprender.

Os recomiendo que disfrutéis con el siguiente vídeo, en el que Víctor Kuppers, optimista nato, expone y explica su ecuación y su actitud en la vida.

Pon todo tu corazón en todo lo que hagas

24 de mayo de 2015

Hace un par de semanas publiqué un artículo titulado Construyendo tu sueño que tiene muchos puntos comunes con la entrada de hoy. En ella , el doctor Mario Alberto Puig ponía el acento en la autoconfianza y en la pasión, dos elementos imprescindibles para vencer nuestros miedos y alcanzar nuestros sueños, para desarrollar todo nuestro potencial humano. La inteligencia, con ser importante, no puede sustituir a los elementos mencionados.

A pesar de que estamos viviendo en la sociedad con más medios de la historia, económicos, técnicos, personales y de todo tipo, también somos testigos y protagonistas de la sociedad más insatisfecha de la historia, la que encuentra más obstáculos, sobre todo en las propias personas, para desarrollarse plenamente. Sea porque las nuevas generaciones no están encontrando unos modelos adecuados, porque las anteriores no están poniendo unas bases sólidas, o porque nos estamos acostumbrando a que nos den todo hecho y no tenemos que sacrificarnos para conseguir objetivos, (sobre todo porque no suelen ser muy ambiciosos) muchos jóvenes suelen desalentarse con facilidad, no aceptan las frustraciones.

En otro orden de cosas, no podemos cerrar los ojos a los problemas que padecemos y que nos rodean, las grandes injusticias, las enormes desigualdades, los radicalismos, la intolerancia… Necesitamos una regeneración de los valores, creer en las personas, luchar, en la medida de nuestras posibilidades y en nuestro entorno más inmediato, contra lo que consideremos injusto. No es preciso ser un héroe, sino sólo ser coherente.

Por eso es importante encontrar personas que motiven, que sepan ayudarnos a encontrar en nuestro propio interior las fuerzas, las herramientas para enfrentarnos con los problemas que nos vamos encontrando, con los obstáculos que debemos salvar. Una de esas personas es Luis Galindo, un experto en conductas de motivación y liderazgo. Se ha hecho famoso dando conferencias, entrevistas en la televisión y escribiendo libros. Las ideas que defiende y la forma de hacerlo llegan fácilmente, es un gran comunicador. Recojo algunas de sus frases:

  • “Pon todo tu corazón, toda tu alma y toda tu mente en todo lo que hagas, hasta en las cosas más sencillas. En ello reside el secreto del éxito.”
  • “No podrás vivir con autentica pasión si te conformas con llevar una vida menor de la podrías haber llevado”
  • “Debes reilusionarte con la persona que puedes llegar a ser”.
  • “Hay que elegir entre resignarse o ilusionarse”.
  • “Para ser feliz hay que ser agradecido”.
  • “Vivir es no perder la capacidad de emocionarse con las cosas cotidianas”.

En su página web podrás encontrar mucha información sobre él. Te recomiendo que entres en ella

Y para terminar, aquí te dejo varios vídeos con entrevistas e intervenciones. No tienen desperdicio.

luis-galindo

Construyendo tu sueño

9 de mayo de 2015

El doctor Mario Alberto Puig, cirujano, escritor y conferenciante, se ha hecho famoso en los últimos años por su gran capacidad de comunicación desde un punto de vista humanista. A partir de su experiencia como médico, fue dándose cuenta de la importancia de la comunicación para generar salud o enfermedad, convirtiéndose en uno de los más reconocidos expertos en temas de liderazgo, comunicación y gestión del estrés.
Aunque ya conocía alguna de sus intervenciones, en el Blog de Claudio Castilla, Orientaguía, se hace referencia a una charla del mencionado doctor en la que se dan claves para vencer los miedos y salir de nuestra zona de confort, lo que nos ayudará a conseguir nuestros sueños y convertirnos en quien realmente somos o pretendemos ser.

OrientaGuía

Para conseguir nuestros sueños y convertirnos en quién realmente somos, tenemos que vencer los miedos y salir de nuestra zona de confort. En este vídeo TED, Mario Alonso Puig nos da algunas claves para ello.

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Charla de motivación para adolescentes desmotivados

31 de marzo de 2013

Esta presentación pretende que nuestros estudiantes se conozcan mejor, aumenten su autoestima, reflexionen sobre su futuro y se marquen objetivos. No tiene por objeto que mejoren sus resultados académicos, aunque a veces también se consigue, sino que, a través de esta charla, se detengan a observar cómo ha sido su trayectoria vital hasta el momento presente, si están satisfechos con lo que son y lo que han conseguido, cómo ven su futuro próximo y lejano y qué alternativas tienen.

Esta charla va dirigida a adolescentes entre los 15 y los 18 años, es decir, estudiantes de cuarto de ESO y 1º o 2º de Bachillerato y se le pueden añadir las alternativas que tienen si no van bien en los estudios.

Ayuda para la reflexión de nuestros adolescentes from Xose Manuel Castro

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