Archive for the ‘debates’ Category

Volvamos a las aulas

22 de marzo de 2017

No me resisto a compartir, tal cual y sin comentarios, que serían muy positivos, esta entrada de INED21 titulada Volvamos a las aulas, donde se pone de relieve (se pone en valor, como ahora repiten constantemente muchos políticos) la labor de los buenos docentes.

¿CUÁL ES EL FUTURO DE LA ESCUELA? Desde hace años llevamos arrastrando una constante crisis educativa. La vieja aspiración, y el poco avance conseguido, de que la escuela elimine las desigualdades sociales mantiene un residuo de inconformismo que, en épocas como las actuales de convulsiones y crisis humanas, sociales, políticas y económicas, se agudiza sobremanera.…

a través de VOLVAMOS A LAS AULAS — INED21

El informe PISA en la era de la posverdad (o la banalidad informativa)

5 de enero de 2017

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Aika Educación se define como un Diario de Innovación y Tecnología en la Educación que informa, comenta y analiza sobre todo aquello relacionado con la educación, fundamentalmente con lo que gira en torno a las Tecnologías y a las nuevas tendencias educativas. Hace un par de días se publicó en este portal un artículo de opinión firmado por Juan María Casado titulado El informe PISA en la era de la posverdad (o la banalidad informativa). Cada vez son más las voces que cuestionan los métodos y los resultados de las evaluaciones de PISA, excesivamente conectados y condicionados por intereses económicos y políticos.

A pesar de que hay que poner entre paréntesis los resultados, sí hay que preguntarse por qué cuando estos han sido regulares o malos se han publicado en primera página, acusando a determinados partidos políticos del fracaso educativo, e incluso ahora, que han mejorado, se sigue insistiendo en que Andalucía sigue a la cola en educación. Sin embargo, no se dice, por ejemplo, que Andalucía pasaría en ciencias de 473 puntos a 497, por delante del País Vasco, que pasaría de 483 a 489, por encima del valor promedio de la OCDE y de países como Suecia.

Aconsejo la lectura del artículo y de otros similares, como el titulado Desmontando PISA y que cada uno saque sus propias conclusiones.

(Vamos a) Educar al margen de las leyes (educativas)

9 de diciembre de 2016

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No nos va a quedar otra. O mejor dicho, no os va a quedar otra a los que todavía estáis al pie del cañón o en las trincheras, perdonad por los términos bélicos que estoy empleando en un ámbito tan poco guerrero como es o debería ser la educación, que trabajar al margen, cuando no contra, la normativa educativa. Supongo que la mayor parte de los docentes están ya hartos de los vaivenes a los que son sometidos diariamente desde las instancias superiores, llámense ministerio, consejería o delegación a base de instrucciones, reglamentos, órdenes, decretos o leyes educativas. Realmente me podéis creer si os confieso que terminé mi largo periplo como maestro y orientador cansado de tener que leerme diariamente la normativa que se publicaba, como si trabajara en un bufete de abogados o en una notaría. En los últimos años, lo primero que hacía era entrar en la página del BOJA o de la Consejería de Educación (o en la web de la inspección, que me permitía, además, saber si el Ministerio también había  tenido alguna ocurrencia) y cruzar los dedos o rezarle al santo o santa del día para que no hubiera novedades al respecto. Si no las había, ya podía respirar y trabajar tranquilo, procurando recordar lo último que se había publicado relativo a currículum, organización y funcionamiento, evaluación, titulación, acceso a la universidad, formación del profesorado, absentismo escolar, atención a la diversidad… Porque el orientador, por si no lo sabéis, abarca prácticamente todos los ámbitos en que se desenvuelve la acción escolar. Y raro era el día en que algún compañero no me venía preguntando cualquier cosa relativa a su responsabilidad docente, aunque también sobre concursos de traslados, comisiones de servicio, régimen disciplinario, permisos y licencias, etc., etc.

Cuando ya parecía que me había enterado de la última disposición surgida de la mente preclara de algún adscrito, jefe de sección, jefe de servicio, director general o consejero, y era capaz de decir de corrido el título, la fecha de publicación e incluso el número y el texto completo de algún artículo o disposición transitoria, ¡zas!, se publicaba una nueva que hacía inservible todo lo que ya sabía. Y aquí tengo que confesar que yo también formé parte durante algún tiempo de ese batallón que se dedicaba a elaborar normativa, porque trabajé como adscrito, jefe de subprograma y técnico, respectivamente, en varias direcciones generales de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía y durante trece años, trece nada más y nada menos, una de mis funciones fue la de trabajar sobre instrucciones y órdenes de evaluación y formación del profesorado (alguna de la cual quizás siga en vigor, prefiero no comprobarlo).

Vuelvo al comienzo. Si hace unos años era agobiante trabajar en los centros ateniéndose a lo que emanaba de la normativa educativa, pues suponía en muchos casos tener las manos atadas para elaborar materiales, realizar actividades extraescolares, modificar horarios y agrupamientos, cambiar contenidos, etc., en la situación actual debe ser, y digo debe porque ya no lo vivo en primera persona, desesperante. Lo más cómodo es decirse que para qué voy a luchar contra molinos de viento y darme un trompazo con la realidad de falta de recursos personales y materiales, aumento de la ratio, incremento de la burocracia, cambios constantes en todo lo relacionado con la LOMCE, informes PISA…, así que bajo las manos y hago lo que me diga el inspector y la consejería. Pero eso significa perder el entusiasmo y dejar de creer en el valor de la educación como herramienta transformadora e impulsora de la sociedad.

Así que os propongo, viendo los toros desde la barrera de la jubilación, pero también desde la experiencia de cuarenta años trabajando en primera línea, que paséis de todo eso, que os tapéis los oídos y que pongáis en funcionamiento vuestra creatividad. Proponed a vuestros compañeros de departamento, al equipo directivo, un proyecto ambicioso, con entusiasmo, basado en lo que los estudiantes saben realmente y en lo que podrían llegar a saber con los medios con los que contáis (acordaos: Zona de Desarrollo Potencial). Preguntadle también a vuestros estudiantes: cómo os gustaría aprender, qué os gustaría aprender, para qué queréis aprender. Puede parecer una tontería, pero seguro que os encontraréis con sorpresas agradables. Y no os costaría mucho tiempo, una sesión de clase, quizás (ahora escucho a mis compañeros de bachillerato riéndose y preguntándome que qué hacen con la selectividad, pero eso es otro tema; yo estoy dirigiéndome, fundamentalmente, al profesorado de secundaria). Y por qué no, preguntar también a los padres. La mayor parte tiene interés en la educación de sus hijos, escuchan lo que les dicen en casa, tienen su propia experiencia. Con probar no se pierde nada.

Trabajar al margen de la ley no es ir contra las leyes, sino hacer como si no existieran, pensando fundamentalmente en el bien de nuestros estudiantes. El problema principal es que siempre estamos comparando y siendo comparados (me he negado esta vez a realizar comentario alguno sobre el último informe PISA), obviando que cada persona es distinta y que no se puede evaluar con los parámetros que se utilizan habitualmente, usando el mismo rasero para todos. Pero ahora me preguntaréis, ¿quién le pone el cascabel al gato?, ¿quién se atreve a ir contra corriente, modificando curriculum, cambiando horarios y agrupamientos, realizando propuestas novedosas? Pues ya hay muchos centros que lo hacen, que se niegan a bajar los brazos y la cabeza y que, a pesar de todo y de todos, están obteniendo excelentes resultados. Seguro que si buscáis, encontraréis muchos ejemplos como los que propongo a continuación:

Las pedagogías alternativas

El Aprendizaje Basado en Proyectos

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Se admiten sugerencias.

La educación actual, a juicio

3 de octubre de 2016

Aunque todos los que nos dedicamos a la educación lo sabemos, la profesión docente es una de las más difíciles de ejercer. Son tantos y tan complejos los factores que intervienen que es prácticamente imposible controlarlos todos. Incluso partiendo de una excelente preparación del profesorado y de unas condiciones materiales adecuadas, sigue siendo una tarea extremadamente difícil y de una enorme responsabilidad, y más si tenemos en cuenta la época que nos ha tocado vivir, en la que apenas se encuentran faros o balizas claras y nítidas que señalen la ruta, ya que son demasiadas y, a veces, esconden oscuros intereses (por ejemplo, intereses políticos, editoriales…). Y tampoco se encuentran caminos anchos y bien asfaltados por los que sea cómodo caminar, pues están sembrados de numerosos obstáculos, baches y trampas. Estos caminos tendrían que ser construidos por las administraciones educativas pero, ya veremos más adelante, que en lugar de carreteras o autopistas, construyen caminos de cabras o destruyen los que estaban ya bien hechos

Si empezamos por la preparación del profesorado, son numerosas las voces autorizadas que, desde hace décadas, claman en el desierto por la escasa formación didáctica, metodológica y práctica que se imparte en las facultades de educación. Hay excesivos contenidos teóricos que después tienen poca o nula aplicación en las aulas. Y eso con los maestros de primaria, porque con los futuros profesores de secundaria, bachillerato y formación profesional el panorama es todavía peor. En la actualidad, los másteres de educación secundaria (MAES) se limitan a introducir, de manera burda y poco elaborada, algunos contenidos didácticos que sólo pretenden cubrir el expediente. La universidad todavía está muy lejos de poder implantar un protocolo y una estrategia capaz de conectar al futuro profesorado con la vida real de los centros educativos. Únicamente la experiencia, años de trabajo en colegios e institutos, el apoyo y la ayuda de los compañeros y de la dirección, y el esfuerzo y la dedicación personal, son las herramientas que sustituyen a la formación inicial del profesorado. Tampoco ayudan mucho, la verdad, los centros de profesores (centros del profesorado en Andalucía), que se han convertido en una extensión más de la administración educativa y que conectan mal con las necesidades reales de los docentes.

Otro obstáculo, todavía peor que los anteriores, es la administración educativa. Por si no fuera compleja la realidad de las aulas, muchas de ellas con excesivo número de alumnos, algunos con necesidades específicas de apoyo educativo, con dificultades de aprendizaje, con situaciones familiares extremas (paro, desarraigo, maltrato…), alumnado inmigrante, a veces el bullying, el uso inadecuado de las tic (en el caso de que éstas funcionen, claro), tengo que confesar que de mis cuarenta años de experiencia docente, los últimos los he vivido con auténtica desazón por la cantidad de horas que tenía que dedicarle a tareas burocráticas. Y lo peor es que la inspección, lejos de ayudar y de orientar al profesorado se ha dedicado, con honrosas excepciones, a vigilar y a comprobar que esas tareas estaban correctamente realizadas. Desconozco la situación de otras comunidades autónomas, pero en Andalucía sé de compañeros que tienen pesadillas con Séneca, la aplicación diseñada por la Consejería de Educación para llevar a cabo todo el proceso de gestión administrativa que conlleva la labor docente. Y aquí está el quid de la cuestión: ese proceso se ha multiplicado de tal forma que es incalculable el número de horas que hay que dedicarle para hacerlo correctamente: tutorías, entrevistas de padres, sesiones de evaluación, boletines de notas, programaciones docentes, comunicaciones a las familias… Aunque es lógico que exista control por parte de la administración, ya que es ella la que proporciona los medios, no es lógico que quiera controlarlo todo, pues impide la necesaria creatividad docente, que cada vez encuentra más dificultades para desarrollarse.

Leyes educativas cambiantes, currículos cada vez más cerrados, reválidas, evaluaciones de centros, menor inversión en educación, bajas que no se cubren, desinterés general por la educación tanto por parte de muchos padres como por los partidos políticos, que la utilizan como medio de atacar al adversario o de introducir determinadas ideologías. Así podríamos seguir páginas y páginas, horas y horas.

Aunque ya soy un profesor jubilado, me duele la situación actual de la educación. Se habla desde hace mucho tiempo de que hay que alcanzar un gran pacto por la educación, pero mientras se haga exclusivamente desde el ámbito político y no seamos capaces de implicar de manera efectiva a todos los que directamente están implicados en la enseñanza (profesorado, familias, alumnado, agentes sociales…), seguiremos lamentándonos y perdiendo un tiempo precioso.

Dejo para el final un vídeo impactante que refleja una parte, quizás la más importante, de la enseñanza: qué hacemos actualmente en las escuelas. ¿Preparamos realmente a los estudiantes para el futuro o seguimos mirando sólo al pasado, reproduciendo patrones y errores que sabemos que existen pero no somos capaces de evitar?

 

Dudas sobre el presente curso escolar

7 de septiembre de 2016

A falta de pocos días para que los estudiantes andaluces se incorporen a las aulas, nos encontramos con un panorama desalentador. Las dudas e incertidumbres que asaltan a los equipos directivos y al profesorado cuando faltan pocos días para el comienzo de las clases (deterioro evidente de la educación pública, bajas que no se cubren hasta el último momento, si es que se cubren, planificación apresurada por la publicación durante el verano a última hora del currículo de la educación secundaria obligatoria y del Bachillerato, etc.), se ven incrementadas por el enfrentamiento abierto entre el Ministerio y las Consejerías de educación de muchas comunidades autónomas que se niegan a realizar las reválidas previstas en la LOMCE.

Es normal que los docentes tengan dudas sobre su labor, sobre si su trabajo podría mejorarse, si los proyectos, los métodos y las técnicas que emplean son las más adecuadas, si su actuación con tal o cual estudiante ha sido certera… Pero si a eso le añadimos la lamentable situación actual (y no hablo de las fallidas investiduras, claro, o sí) me temo que este curso puede ser, como mínimo, ajetreado. Paciencia, queridos ex compañeros, paciencia.

Para terminar, y con objeto de que os pueda servir para reflexionar y tomar ideas y materiales, un práctico enlace a una selección de los 100 mejores blogs educativos. Con total seguridad dicha selección es incompleta porque hay muchos docentes y portales educativos de una gran calidad, pero en muchos de ellos también podéis encontrar enlaces a muchas más páginas.

LOS 100 MEJORES BLOGS EDUCATIVOS

los mejores blogs educativos

Los profesores de hoy en día

25 de febrero de 2016

(publicado originalmente en el blog trecegatosnegros)

En un mismo diario digital encuentro dos artículos que en apariencia son contradictorios, pero en el fondo no lo son tanto. En el primero se asegura que“los profesores de hoy en día le dan mil vueltas a los que había antes”. La frase es de Francesc Pedrò, analista de políticas en el centro de la OCDE para la Investigación Educativa e Innovación, referencia en materia de política educativa y aplicación tecnológica. Lo más importante es el docente, no las políticas ni los dispositivos, continúa diciendo, haciendo hincapié en la necesidad de preguntar más a los profesores qué es lo que necesitan y, algo fundamental, su formación, tanto inicial como continua.

La visión pesimista que se tiene de las capacidades docentes actuales es refutada por Francesc Pedrò: es una falacia que el profesorado siga enseñando igual que en el siglo XIX porque, aunque las aulas, los pupitres o la distribución de espacios sigan siendo similares, lo que ha cambiado radicalmente es el tipo de actividades y la capacitación técnica docente: “Lo difícil ahora es mantener la atención y la disciplina de una clase así, y para eso se requieren competencias que no eran necesarias en el siglo XIX. Los docentes de ahora les dan mil vueltas a los que había”. Reconoce que el alumnado, las familias, el ambiente cultural y social…, condicionan la enseñanza. Ni los contenidos pueden ser los mismos, ni la forma de impartirlos, ni las necesidades de los estudiantes ni de la sociedad en la que tienen que insertarse, por lo que la revisión de todos estos aspectos debe ser continua. Si analizamos la enorme cantidad de cambios que se producen y la rapidez de los mismos, es impensable mantener los conocimientos, las habilidades y las estrategias de enseñanza aprendizaje de hace unos años. Lo que hay que plantearse es si la pedagogía responde a las necesidades que el país tiene y no empecinarse y rasgarse las vestiduras por el fracaso escolar, la escasa transmisión de contenidos, la falta de autoridad del profesorado, etc.

El otro artículo, titulado “Cómo la educación española se echó a perder, contado por una profesora veterana”, también pone el acento y la importancia de la enseñanza en el profesorado (por cierto, yo siempre había creído que lo importante eran los alumnos y su educación), pero con una visión pesimista por parte de la entrevistada, Luisa Juanatey, profesora de instituto jubilada con más de 30 años de experiencia docente, que ha escrito el libro “Qué pasó con la enseñanza. Elogio del profesor”. Según parece, los males de la enseñanza están en la pérdida de autoridad del profesorado y su falta de valoración por parte de la sociedad en general, la devaluación de la enseñanza a partir de la LOGSE, el desprecio de la memoria y del esfuerzo, los padres malcriadores y consentidores, etc. No niego que parte de este análisis pueda tener razón en algunos puntos, pero creo que es excesivamente simplista. Es cierto que se ha desvirtuado la importancia de la educación, que se han implantado leyes educativas sin dejar que tomaran cuerpo, que no se han tenido en cuenta las opiniones del profesorado y sus necesidades, que no se ha formado adecuadamente a los docentes, que se ha politizado excesivamente la educación…

Pero es imposible comparar la educación que se impartía hace 30 o 40 años con la actual porque las circunstancias son radicalmente diferentes. Ni la sociedad, ni las personas, ni los medios, ni las necesidades son las mismas. Padres que acudían a la escuela o al instituto con una mezcla de temor o de reverencia son impensables en la actualidad, porque ningún ciudadano, por ejemplo, admitiría la impunidad o la amenaza de algún agente de la autoridad o la soberbia y el descaro de algún político (bueno, esto último lo pongo entre paréntesis); profesores que impartían sus clases en silencio absoluto, sin plantearse una enseñanza diversificada y adaptada y que podían expulsar a los alumnos en cuanto se incumplía alguna norma; alumnos respetuosos y obedientes, que no se planteaban protestar o interrumpir las clases… Todo eso ha pasado o debería haber pasado a la historia. Ahora existen los derechos y deberes del alumnado, del profesorado y de las familias, las adaptaciones curriculares, alumnado con necesidades de apoyo educativo, los consejos escolares, la participación de las familias, etc. Y eso no significa que me olvide de todos los problemas y males que aquejan a la educación, que son muchos, pero en todas las épocas los ha habido, y los profesores nos hemos quejado (cuando empecé en el año 1975, mis compañeros de colegio más veteranos también se quejaban y en el instituto, en los años 60, cuando yo era alumno, los profesores también nos decían que éramos unos incompetentes y que no queríamos estudiar, nosotros, que teníamos que hacer una prueba de ingreso y dos reválidas, cuando la enseñanza no era obligatoria).

¿Por qué dije al principio que estos dos artículos no eran en el fondo contradictorios aunque lo parezcan? Porque ambos, con diferentes perspectivas, hablan desde el amor a la enseñanza y reivindican la figura del profesor, piedra angular de la institución educativa, aunque sea el alumno su razón de ser. Mientras los partidos políticos y las autoridades educativas no lo tengan claro y trabajen al unísono, dejando a un lado sus diferencias y mientras la sociedad no exija a sus dirigentes que la educación sea el centro de sus discursos, puesto que el progreso y el cambio real sólo se realizará con ciudadanos bien formados, todo lo que digamos y escribamos no servirá para nada y se quedará en esto, en artículos, libros y entrevistas que únicamente mostrarán el desencanto y la frustración de los docentes y los brindis al sol de los políticos.

Selección de vídeos que nos ayudan a “ponernos en el lugar del otro”

17 de enero de 2016

Acabo de encontrarme, gracias a Twitter, a un grupo de personas admirables: Maestros con los niños de Siria. Personas que dedican su vida a ayudar a los demás, a los más desfavorecidos, estén aquí o en el otro lado del mundo, sufriendo hambre, guerras, abusos… Los que tenemos la suerte de vivir en el primer mundo, aunque sea con problemas políticos o económicos, tenemos que ser conscientes de que somos unos privilegiados y de que, cada uno dentro de sus posibilidades, debemos solidarizarnos  y ayudar a esos otros pueblos que están en una situación mucho peor.

Desde la educación se puede hacer una gran labor. La conciencia se va formando en relación con los demás. Y si esa relación es de ayuda, de comprensión, de empatía, ayudaremos a formar conciencias y sujetos tolerantes, solidarios, comprensivos. Por eso, creo que en las aulas deberían programarse actividades que ayuden a entender lo que está sucediendo, por ejemplo, con los refugiados sirios y de otras nacionalidades que llegan desesperados a Europa, que viven en campamentos en condiciones infrahumanas en sus propios países o en otros países limítrofes. Conocer lo que está ocurriendo, lo que piensan e intentar ponerse en su lugar. Nosotros podríamos ser ellos. En el siguiente enlace, y en otras experiencias que están en esa misma página, hallaremos muchas actividades para realizar, por ejemplo, en clase de tutoría:

Selección de vídeos que nos ayudan a “ponernos en el lugar del otro”

MAESTROS CON LOS NIÑOS DE SIRIA

Descubriendo la rueda: evaluar en secundaria

14 de mayo de 2015

Aunque de manera a veces inconsciente e incluso irreflexiva, a lo largo de la vida tomamos decisiones continuamente. Desde que tenemos uso de razón, yo diría que casi desde la cuna, elegimos lo que hacemos, lo que decimos, lo que queremos. Muchas veces estamos excesivamente limitados o condicionados por nuestra herencia genética, familiar, social o cultural, por creencias, por tradiciones o por otras circunstancias que nos impiden elegir con libertad.

Dando por supuesto que esos condicionantes están dentro de unos parámetros digamos que normales, las decisiones inteligentes deberían evitar la improvisación y ser precedidas de una evaluación que recoja el mayor número de información posible, calibrando los pros y los contras, las ventajas y los inconvenientes. Si decido salir a pasear o quedarme en casa, comer tal o cual plato, leer un libro o ver la televisión, estudiar o divertirme, etc., seguramente habré pensado previamente qué alternativa era la mejor. Unas veces por diversión, otras por responsabilidad, a veces por influencia externa o vaya usted a saber por qué motivo, tomamos la decisión, elegimos el camino, nos embarcamos en proyectos o claudicamos y tiramos la toalla.

A estas alturas del discurso quizás alguno se haya preguntado que a dónde quiero llegar, que me estoy yendo por las ramas cuando el título del artículo es Descubriendo la rueda: evaluar en secundaria y yo estoy hablando de tomar decisiones en la vida. Pero es que me gusta llegar al meollo del asunto dando rodeos. Quizás sea por mi origen gallego, vaya usted a saber. Lo que pretendo es destacar la importancia de la evaluación, de recoger el mayor número de información posible y de saber ponderar las opciones. En educación la evaluación es un momento fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje: conocer si los objetivos perseguidos se han alcanzado, si los mecanismos puestos en práctica están dando resultados o si hay que realizar propuestas de mejora, sólo es posible si evaluamos con rigor y con variadas herramientas.

Y ahora pasamos al título de este artículo. Mi querido compañero José María González-Serna, profesor de lengua y literatura de mi instituto, con el que suelo intercambiar opiniones sobre variados temas no sólo educativos, tiene un magnífico blog llamado El Almacén. En una de sus entradas, haciendo referencia a algunos de los temas que he tratado últimamente (como la LOMCE y sus reválidas, por ejemplo) ha reflexionado sobre cómo evalúa o, mejor, sobre cómo le gustaría evaluar. El resultado lo presenta en el siguiente mapa conceptual:

Pulse sobre la imagen para ampliarla

Utilizo sus propias palabras: Una de las pocas cosas que tengo claras a estas alturas es que hay que medir lo que los estudiantes saben, lo que son capaces de hacer, así como el rigor y la forma de estar. Partiendo de la base de que lo evaluado es lo enseñado y termina por aprenderse, me gustaría que mis alumnos conociesen los conceptos propios de la asignatura y que fuesen capaces de aplicarlos en diversas situaciones de una manera rigurosa y colaborando con otras personas.

Y sigue con una propuesta de pruebas, estrategias e instrumentos de evaluación que permitirían valorar de una manera muy precisa las competencias adquiridas:

En una situación ideal, realizaría las siguientes pruebas para evaluar al alumnado durante un trimestre:

  1. Dos exámenes que incluyeran preguntas tipo-test (para ir habituándose al sistema de reválida), un análisis lingüístico o literario de algún fragmento textual y la resolución de un problema que obligase a relacionar conceptos.
  2. Un ensayo escrito sobre los contenidos trimestrales en el que mostrar sus habilidades para exponer, argumentar, narrar y/o describir. Podría permitirle usar todo el material que deseasen o, en otras ocasiones, no hacerlo.
  3. Una intervención oral (exposición, debate, relato, etcétera).
  4. La producción de un texto (no siempre lingüístico) creativo.
  5. Una prueba sobre las lecturas trimestrales (escrita u oral) en la que el estudiante pudiera valerse de todo el material que necesitase y orientada hacia la comprensión e interpretación de la obra.
  6. Una prueba sobre una audición.
  7. Un trabajo en equipo (a ser posible en colaboración con otras materias).
  8. La revisión del cuaderno del alumno.
  9. La observación de su trabajo diario (realización de tareas, salidas a la pizarra, etcétera).

Como se puede comprobar, los instrumentos son muy variados y se utilizan habitualmente en las aulas. Lo que se plantea es una sistematización de los mismos y lo que habría que añadir para ampliar la propuesta es la ponderación de cada uno de ellos en la valoración global. Si, además, para ser más objetivos y precisos se utilizan rúbricas (véanse varios ejemplos de las mismas pinchando aquí) previamente conocidas por los alumnos y elaboradas en función de los aspectos que se quieren evaluar, podríamos encontrarnos con un sistema de evaluación muy completo.

Descubriendo la rueda: evaluar en secundaria (por José María González-Serna).

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¿Por qué no mantener abierto el debate sobre lo que ocurre en las aulas? Reflexiones después del homicidio de Abel Martínez, profesor

4 de mayo de 2015

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Uno de mis blogs preferidos y que me sirve de referencia para muchas de mis entradas es el de Alberto del Mazo ¿QuÉduQuÉ-QuÉduCuándo? En su artículo publicado el 2 de mayo trata sobre un tema que no debe caer en el olvido y que quiere mantener vivo. Partiendo del apuñalamiento del profesor Abel Martínez por un alumno de 13 años, Alberto hace un recorrido por diferentes blogs y redes sociales entresacando algunas opiniones y reflexiones que dan una visión sobre lo que el mundo educativo y el psiquiátrico piensa de ese triste hecho.

A continuación se recogen también otros artículos en los que se analiza qué podemos hacer a partir del suceso, con materiales muy diversos que nos aproximan y que nos pueden dar respuestas para afrontar situaciones, si no similares (esperemos que no), sí como prevención para que no vuelvan a ocurrir. Muy útil es una entrada sobre recursos para intervenir en emergencias sociales, tragedias y desastres.

Se puede leer el artículo completo en el siguiente enlace:

¿Debemos mantener abierto el debate sobre lo que ocurre en las aulas? Reflexiones después del homicidio de Abel Martínez, profesor

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Las evaluaciones finales en la LOMCE y otro tipo de evaluación

17 de abril de 2015

Desde hace unos  días se ha hecho viral en las redes un problema de lógica que se incluyó en las últimas olimpiadas de matemáticas de Asia y Singapur. Según parece, está dirigido a estudiantes de 3º de ESO y es el siguiente:

(Por si no sabéis resolverlo o no queréis romperos la cabeza la solución se puede encontrar en el siguiente enlace: El cumpleaños de Cheryl: el problema de lógica que fríe neuronas en internet)

La lógica es una herramienta fundamental para trabajar no sólo en las matemáticas, sino también en otros aspectos de nuestra vida cotidiana. Muchas cuestiones se resuelven aplicando razonamientos que afectan a  bastantes disciplinas sean curriculares o no. Saber diferenciar lo principal de lo accesorio, seguir una línea argumental, planificar, estructurar, etc., son algunos de los principios que están en la base, en la raíz de la inteligencia.

Este problema me ha recordado una serie de debates que tienen relación con la evaluación, y más concretamente, con una de mis últimas entradas en las que hacía referencia al Borrador del Real Decreto que regula las pruebas finales de ESO y Bachillerato establecidas en la LOMCE. En él se establecía que las preguntas de la prueba serán en formato de elección múltiple con cuatro alternativas y de respuestas semiconstruidas, aunque en el caso de la evaluación de la expresión se utilizará el formato de respuesta abierta producida por el alumno o alumna. Aquí es donde me entra la duda de cómo se articulará la evaluación de las competencias, del razonamiento, de la lógica, etc., con ese formato.

En el blog ACOGIDA: El blog de J. Blas García encontramos una entrada muy interesante y muy clara sobre el tema: Dime cómo me evalúas y te diré como voy a estudiar. Reproduzco algunos párrafos:

“Si el objetivo es contentarnos..y que le califiquemos bien…entonces hacen lo que queremos: Resuelvo como tú me pidas…y me preparo para ello.
Las pruebas de selectividad son el ejemplo claro del sistema: preparar específicamente un modelo de examen durante los dos cursos que se compone el bachillerato. Triste etapa si sólo sirve para eso.”

“No es tan difícil verlo: Si el objetivo de la escuela no es que aprendas sino que apruebes (y tenemos ejemplos que lo evidencian como la liberación de las preguntas PISA y la preparación explícita para ello), entonces el objetivo en el estudio de los alumnos no es aprender sino superar el examen, superar una prueba. No es lo mismo estudiar para una prueba test que evalúa una máquina, que aprender para exponer ante sus compañeros que evalúan en debate.  Los alumnos pasan lo que podemos llamar “síndrome reválida“..y en el fondo les gusta:

“A otro examen,… que éste ya está pasado”

Es decir, se produce un efecto perverso, totalmente contrario a lo que deben perseguir la educación y la evaluación, que es el gusto por el saber, la curiosidad, el desarrollo personal, la mejora, la capacidad de aprender a aprender, la búsqueda inteligente de la información para que se convierta en conocimiento y en saber, etc., etc.

Siempre tengo presente lo que Miguel Ángel Santos Guerra escribió en su artículo Una flecha en la diana. La evaluación como aprendizaje. Las pruebas, una de las herramientas de la evaluación y no las más importantes, deben concebirse como instrumentos de mejora, no sólo como ejercicio de medición de un logro. No tiene sentido evaluar para jerarquizar, para atermorizar, para castigar. Y las reválidas previstas en la LOMCE persiguen, quiérase o no, una selección, una jerarquía, un marchamo o un castigo.

Propongo también la lectura de dos artículos que, desde diferentes perspectivas, pero ambas muy sensatas y lógicas, nos explican cómo se evalúa o cómo se debería evaluar. Hay muchos más ejemplos, pero como muestra creo que pueden servir.

¿Cómo enseñar? ¿Cómo aprender? ¿Cómo evaluar? por Pere Marques.

5 formas de evaluar a los alumnos, por Santiago Moll.

(Añado con posterioridad otra estupenda reflexión de M.A. Santos Guerra sobre la evaluación y sus repercusiones titulada Menos uno con diecisiete).


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